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Viajar sobre dos ruedas

Olivia Oporto

Después de haber viajado en tren, avión, avioneta, helicóptero, hidroavión, tren, autocar, coche y barco nunca me hubiera imaginado que el que se iba a convertir en mi medio de viaje favorito iba a ser la moto.
Los viajes en moto han sido un descubrimiento tan tardío como intenso, una manera de viajar tan adictiva que yo creo que cualquiera que lo prueba percibe al instante ese “uauuuuuu” que hace que subido sobre las dos ruedas se vea el mundo de otra manera.

Mis primeros viajes fueron breves rutas, yo soy esa palabra tan fea que se llama “paquete” así que había que ver si era apta para los largos viajes ya que en cualquier caso no es tan sencillo como parece.  Hay que mantener la postura erguida, hay que saber mantener un cierto equilibrio, hay que evitar eso tan inconsciente de girar en sentido contrario al que gira la moto, y un sinfín de pequeñas cosas que hacen que el test de aptitud se convierta en toda una odisea.

La primera subida al Montseny fue una mezcla de curiosidad y pánico, pero reconozco que superé la prueba con sobresaliente. Lo más difícil fue enfrentar la mirada de -“dondevasasivestida” – de Iván, el  lider del grupo motero, abnegado y paciente guía, que en cuanto me vio se dio cuenta de que la única moto a la que me había subido hasta la fecha era una Vespa. Supe enseguida que la cazadora de piel de Zara y los tejanos de Mango no eran la decisión más acertada para una subida al maravilloso Collformic. Creo que nunca me había sentido tan cercana a la hipotermia como aquel día de octubre en el que admirando el paisaje bellísimo del Montseny empecé a sentir que las piernas no volverían a responderme nunca más. La famosa y verdadera solidaridad motera me llevo a reponer fuerzas a un bar de Seva antes de que mis piernas se tornarán azules para siempre, y allí me reconcilié con el mundo, con las motos, y disfruté del café con leche más deseado de toda mi vida.
Tras el primer test y la novatada de vestuario, añadí a mi fondo de armario una equipación perfecta para todas las épocas del año, y nunca más he vuelto a pasar frio subida en las dos ruedas.

Una vez completado el rodaje con las breves excursiones pasé a la fase II, o sea un viaje largo, y una vez más Italia fue el destino elegido.

toscana

Yo había viajado por la Toscana en incontables ocasiones, había recorrido sus carreteras panorámicas multitud de veces, y me había extasiado ante la belleza de paisajes que ocuparán mi corazón para siempre; pero ver esos paisajes desde la moto…Nada que ver, pero nada que ver de verdad.  Surcar sobre las dos ruedas las carreteras salpicadas de hileras de cipreses, subir y bajar las dulces colinas de las “crete senesi” y respirar el olor del verano…Eso es una sensación que no tiene comparación. Mientras la moto se deslizaba perfectamente sobre las curvas toscanas yo alargaba los brazos y casi podía tocar los elegantes girasoles, los campos de grano, las verdes praderas. Sentir el cálido viento del verano acariciar la cara a toda velocidad mientras el paisaje va regalando estampas de ensueño, es un regalo que hay que experimentar al menos una vez en la vida.

Hay muchos muchísimos lugares que visitar en moto, pero es verdad que las carreteras de la Toscana tienen algo especial que hace que sea uno de los destinos preferidos por multitud de moteros de toda Europa que eligen la tierra de las dulces colinas para poder disfrutar de una pasión que he llegado a entender a la perfección.

Después de haber viajado en tren, avión, avioneta, helicóptero, hidroavión, tren, autocar, coche y barco se que quiero seguir disfrutando de las dos ruedas, quiero seguir sintiendo como la brisa de verano acaricia mi piel, quiero seguir alargando los brazos y rozar con los dedos los paisajes lejanos que desde las dos ruedas parecen mucho más cercanos. Quiero seguir disfrutando de la adrenalina y de esa vida en estado puro que significa viajar en total libertad.

Sobre el autor

Olivia Oporto

Olivia Oporto

Me encanta viajar, siempre me ha gustado. Los viajes me han regalado momentos inolvidables, grandes amistades, grandes amores, recuerdos imborrables, sensaciones y emociones que me acompañarán siempre y que me han dado una perspectiva de la vida completamente diferente. He aprendido mucho de personas a las que nunca hubiera conocido y que con su presencia han marcado mi vida para siempre. Gran parte de esas personas encontradas en tres años de vida y viajes por Italia. Tengo muchos viajes soñados, destinos a los que espero volar algún día, pero el lugar al que me gustaría volver una y mil veces es al oeste de Canadá, donde hace muchos, muchos años deje una parte de mi corazón entre sus lagos infinitos y sus majestuosas montañas, y donde espero regresar algún día… quien sabe si para siempre.

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