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Laugh & Fun

Si vivo para viajar y viajo para vivir, porque no pensar que mi “misión” podría ser hacer soñar a los demás, no solo a través de mis relatos, sino también a través de mis fotos. Es por ello, que ya es hora de levantarse del sofá y comenzar a contar alguna que otra de mis intrépidas anécdotas de viajes… Sinceramente cuando lo pensaba, no sabía por dónde empezar, de hecho os confesaré que he tenido que tirar de ayuda y no porque hayan sido pocas, sino porque a veces entramos en una dinámica del día a día que no nos deja recordar con claridad aquellos momentos tan divertidos que hemos vivido en alguna ocasión concreta.

La verdad es que Tailandia fue una de las más divertidas, aunque no sé si esta sería la palabra más acertada, debéis tener en cuenta que el concepto “temporal” en este país está bastante alejado del europeo, si no hay un tsunami todo está controlado, y así nos lo hicieron saber el dia que nos levantamos a las 8 de la mañana para coger una barca y hacer un tour por varias islas, fue entonces cuando pensamos que era el ultimo dia de nuestras vidas en este maravilloso mundo.

Tras plantearnos la idea de quedarnos en tierra, asumiendo perder el dinero de la excursión, decidimos encomendarnos a los lugareños y confiar que el tiempo cambiaría a lo largo del día, qué deciros cómo transcurrió aquella travesía, ya se vaticinaba lo que sería aquel viaje, sin duda unas risas descontroladas.

Para poneros en situación, el barco estaba compuesto por: un grupo de 4 japoneses del que uno de ellos parecía sacado de una revista manga, con un inhalador fijo en la nariz durante todo el trayecto,  que muchos años después aún seguimos recordando…una pareja de jóvenes chinos, intuimos que llevaban poco tiempo juntos, cuya misión durante el viaje por parte de él era evitar que su amada cayera por la borda, tras las decenas de ocasiones en las que ella se asomaba por la misma para vomitar, sin olvidarnos, eso sí,  de esa pareja de “honeymooners” rusa, toda ella vestida con un chandal rosa de  terciopelo a juego con su goma de pelo y unas pestañas postizas mas largas que sus uñas, obviamente también de color rosa, por cierto este último complemento sin duda un “must” para darte un chapuzón en el mar…

Había un par de parejas más aparte de nosotras que podríamos determinar que eran los más “normales” de todos los que íbamos en el “longtail”, y sin duda este singular grupo unido al mal tiempo, creaba una situación bastante cómica, sobre todo cuando por momentos pensé que mis últimas horas las pasaría rodeada de todos aquellos personajes tan peculiares.

Y que decir del momento snorkel, casi nos quedamos con el barco vacío por un suicidio colectivo! Como bien es sabido los asiáticos no suelen destacar por su destreza en el agua, si a ello le añadimos que no suelen desnudarse para entrar en el mar, que llevaban salvavidas XL, que los rusos se encontraban en un medio que no era el suyo, que ella perdió una de sus imprescindibles pestañas postizas, que la joven china mareada no podía parar de vomitar, etc…creedme si os digo que todo aquello era un cuadro picassiano un “nonsense”, pero os aseguro que era de llorar de risas, hay videos que lo corroboran.

Pero dejemos Tailandia a un lado por el momento y crucemos al Caribe, donde este pasado verano en Panamá también tuvimos alguna que otra anécdota, como no, siempre hay en un barco algún maestro “liendre” y este venía de Costa Rica, y tal como le vimos entrar junto a su familia ya sabíamos que nos iba a dar mucho juego.

Intentaba hacerse el Indiana Jones y lamentandolo mucho debo decir que si llegó a ser Rompetechos ya consiguió bastante, !madre de dios!, cada vez que intentaba hacer alguna de las suyas acababa en el agua, perdía sus pertenencias o nos hacía llegar tarde a los siguientes lugares, obviamente lo que os cuente es poco para lo que fue en realidad, pero gracias a él, sin duda, fue una excursión bastante entretenida.

Y por qué no recordar, esos monzones en nuestra amada Filipinas, de los que tanto aprendimos, una noche calculamos mal las horas de trayecto, todo un clásico, y obviamente cuando llegamos al destino, ¿ que sucedió?, pues que tuvimos que dormir en la playa ya que no había nadie que nos esperara de madrugada.

Pensaréis “que bonito, luna llena, estrellas, delante del mar”, claro…totalmente idílico si no fuera porque apenas teníamos con que taparnos, la playa estaba llena de pulgas y un monzón se avecinaba, todo ello sin olvidar nuestra inquietud que traíamos de la Barceloneta pensando que nos robarían en cualquier momento si nos quedábamos dormidas, absurdo pensamiento ya que creedme cuando os digo que es uno de los países más seguros que he visitado a día de hoy.

He de ser sincera, mi vida es reír y hacer reír, es la mejor terapia para ser feliz en esta vida, si esto lo incluyo en mi mochila de viajes junto a las infinitas vivencias, los inolvidables momentos que jamás se repetirán, los perfectos atardeceres, los silencios que no incomodan, las infinitas conversaciones, una cerveza bien fría, etc… y lo mejor de todo, como siempre os digo, a la vez descubrir mi mejor YO, això no té preu…(eso no tiene precio)

Es por ello que desde aquí, os doy las gracias no solo a aquellos que dedicáis unos minutos de vuestro tiempo a leerme a través de este maravilloso blog, sino también a los que me seguís por Instagram, ya que sois los culpables de que siga queriendo teletransportaros conmigo cada mes a mis rincones favoritos del mundo y a la vez, hacéis que siga teniendo la misma ilusión que hace 20 años atrás por descubrir nuevos lugares…Gracias y hasta pronto mis pequeños camaradas…

Sobre el autor

Valentina Ducati

Valentina Ducati

La primera vez que cogí un avión fue con 18 años, destino Londres, fue ahí cuando me di cuenta de que acababa de descubrir lo que se convertiría a día de hoy en una de las grandes pasiones de mi vida: Viajar.
Amante incondicional del deporte, de la lectura, de la fotografía, de las risas y por supuesto de un buen vino en buena compañía.
Me considero una persona sencilla, afortunada en la vida, extrovertida y de entrega pasional en todo lo que hago. Me encanta tener nuevos retos y rodearme de personas que me enriquezcan en todos los sentidos. Si me preguntáis por el mejor escenario de mis viajes os diría que cualquiera en el que he podido disfrutar de una puesta de sol mirando al mar.

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