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Entre Tierras Faraónicas

No voy a entrar en si creo o no en Dios, si sigo la doctrina budista o hinduista, si iré algún día a La Meca o si me identifico de alguna manera con el pueblo judío, lo que sé es que el primer día que amanecí en medio del Nilo, lo único que invadía mi cabeza eran esos pasajes del Antiguo Testamento que tantas veces nos habían hecho leer de pequeños. Es por ello que solamente podía pensar…“en cualquier momento, Moisés aparecerá por estos lares”.

Visitar Egipto es más allá que un simple viaje, es toda una experiencia con cada una de sus letras, es viajar en el tiempo. Probablemente sea la civilización, si no más antigua del mundo, una de ellas. Surgió en el Valle del Nilo alrededor del 3.100 a.C. y como pequeña anécdota, os contaré que, en aquella época se consideraba un lugar de vacaciones para culturas como la griega o la romana entre otras, para entendernos, vendría a ser nuestra Marina D´or a día de hoy.

Es imposible poder olvidar aquel lugar, tal y como os comentaba hace un momento, el día que desperté en el milenario río, frente a un infinito desierto formado por enormes palmeras que envolvían todo aquel paisaje, sin olvidarme de aquellos pastores cuya economía se sustenta no solo del ganado sino también de la agricultura, y rodeado por un marco inolvidable como podía ser uno de los mejores amaneceres que habré visto a lo largo de mi vida, terminó de convencerme que, una vez más, había acertado con este nuevo destino.

Pero no me adelantaré a los acontecimientos, empezaré contándoos cómo decidí este destino, de momento obviaré la compañía pero no el lugar. Teniendo en cuenta que en aquella época era mucho más joven y con un presupuesto también bastante más ajustado que actualmente, encontré una oferta donde incluían el típico crucero por el Nilo durante los primeros días, para finalmente acabar en la inigualable ciudad de El Cairo.

Y así lo hicimos, vuelo Madrid- Luxor, aterrizamos de noche por lo que no fuimos consciente de toda aquella belleza que nos rodeaba hasta el día siguiente, donde empezó nuestra increíble aventura en este lugar.

Durante el día nos dedicamos a visitar los templos como el de Karnak, considerado como el más grande de Egipto, dedicado a Amón, gran dios del imperio nuevo, o el de Luxor, monumento más destacable de esta ciudad, obra de 2 faraones como fueron en su día Amenhotep III y Ramsés II.

Como no, mencionar la visita que llevamos a cabo por la orilla de la Necrópolis de Tebas, incluyendo el Valle de los Reyes donde se encontraban escondidas las tumbas de los más importantes faraones de la época. el Templo Funerario de la Reina Hachepsut y los gigantes y grandiosos Colosos de Memnon, no puedo decir otra cosa que no sea “espectacular”, no podía salir de mi asombro, todo aquello era como estar atravesando el túnel del tiempo.

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Continuábamos navegando por las noches e investigando los diferentes lugares durante los calurosos días, inciso para remarcaros indispensable ¡anti mosquitos y crema solar factor 50!, allí no hay mosquitos…¡hay dragones!.y no hay sol, ¡aquello es el mismo averno!

Siguiendo con esta maravillosa aventura llegamos al Templo de Edfu, dedicado al Dios Horus; desde aquí nos adentramos al sur de Aswuan donde pudimos visitar el increíble Templo de Abu Simbel, a pesar de ser un recorrido de unas 4 horas en autobús y a la vez un poco inquietante por ir “escoltados” por policías durante todo el desierto, os confesaré que merece la pena.

 Sin dudarlo un solo segundo, fue el lugar que más me impresionó, construido bajo el mandato de Ramsés II, dicen que es uno de los más célebres de todo Egipto;  formando parte del mismo, tenemos el Templo de Nefertari, su historia, y sobre todo su majestuosidad, imposible de olvidar, te hace sentir durante unos segundos como una auténtica Cleopatra.

Tras unos días maravillosos descubriendo toda esta zona, volamos directos a la desconocida capital, el Cairo, para poder seguir disfrutando no solo de sus Pirámides de Keops, Kefren, Micerinos y la Esfinge, sino de algunos de los sitios más emblemáticos de la ciudad como La Ciudadela de Saladino, Mezquita de Alabastro, Mercado de Khan el Khalili, Museo Egipcio y Barrio Copto todo aquello acompañado por un entusiasta guía autóctono que ayudaba a que todo aquello fuera mucho más mágico si cabía.

Sin embargo, debemos remarcar que este país es mucho más que las conocidas pirámides, infinitos monumentos, museos, cruceros por el Nilo, o infinitas inmersiones en uno de los mejores lugares del mundo como puede ser el Mar Rojo. Egipto es una tierra llena de vida, color, belleza y emoción, son sus bazares multicolores, es una noche en la ópera, es su cultura culinaria desconocida, es adentrarte no solo en el milenario arte faraónico, sino en el islámico que te envuelve en cada calle recorrida por su capital, es todo este conjunto de cosas las que consiguen que acabes muriendo de amor a cada paso que das, como leí una vez e imposible definir de mejor manera:  El Cairo es un auténtico museo al aire libre..

Sinceramente, me da pena que debido a los diversos acontecimientos que se han llevado a cabo durante los últimos años en este maravilloso país, el turismo haya descendido de forma considerada, no debemos permitir que el miedo nos invada y nos robe nuestros sueños, el miedo es el peor enemigo del hombre. Es por ello que, seas de la cultura que seas, el idioma que hables, o de la religión que practiques, tal y como dice una célebre cita… “Puedes dejar de vivir, puedes dejar de amar, puedes dejar de compartir, pero nunca dejes de soñar…”

 

Sobre el autor

Valentina Ducati

Valentina Ducati

La primera vez que cogí un avión fue con 18 años, destino Londres, fue ahí cuando me di cuenta de que acababa de descubrir lo que se convertiría a día de hoy en una de las grandes pasiones de mi vida: Viajar.
Amante incondicional del deporte, de la lectura, de la fotografía, de las risas y por supuesto de un buen vino en buena compañía.
Me considero una persona sencilla, afortunada en la vida, extrovertida y de entrega pasional en todo lo que hago. Me encanta tener nuevos retos y rodearme de personas que me enriquezcan en todos los sentidos. Si me preguntáis por el mejor escenario de mis viajes os diría que cualquiera en el que he podido disfrutar de una puesta de sol mirando al mar.

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