Tiene todo lo que un buen turista pueda desear: hay tulipanes de todas las formas y colores, hay mil paradas ambulantes, bares, restaurantes, circuitos y hasta un molino que puede visitarse por dentro.

Keukenhof es de los jardines más grandes de Europa (tiene más de 32 hectáreas), también de los más visitados (de ahí que se lo conozca como el jardín de Europa), pero es sobretodo la joya de la corona del turismo en Holanda. Una oda a todos sus iconos: de la venerada flor, a los típicos zuecos de madera. Y pese a parecer una trampa ‘mortal’ para captar hasta al más despistado de los visitantes, cuando uno está dentro resulta todo lo contrario.

El jardín abre solo durante los meses en que los tulipanes, su especialidad, florecen, es decir, en abril y mayo, y cierra cuando sus flores marchitan. De ahí que cada año abra sus puertas días diferentes.

tulipanes

La estampa de campos inmensos con tulipanes de diferentes colores se repite por todo el parque. Rodeando estanques, en grandes praderas, en porciones pequeñas. Más altos, más bajos. En espiral, a rayas, dibujando obras de arte. Los visitantes de ‘clic’ fácil, como servidora, se vuelven literalmente locos buscando la mejor instantánea. Hay miradores desde dónde pueden verse los extensos campos que rodean al parque, dónde se cultivan tulipanes. Hay bancos aislados dónde algunos leen, y otros escriben. Hay también pintores, que con todas sus herramientas, buscan un rincón ideal para inmortalizar…

tulipanes

El jardín resulta agradable, tranquilo pese a la enorme cantidad de visitantes que recibe, y ante todo, de lo más placentero a la vista.

¿Cuántos tipos de tulipanes puede haber en el mundo? Tras dos minutos dentro del parque me doy cuenta de que muchísimos más de los que nunca hubiera podido imaginar. Los hay pequeños y redondos, pero también peludos y ‘ariscos’. Algunos parecen hasta salidos de la película ‘Avatar’. La gama de colores también es espectacular: azul Delfts blauw ( un pueblecito holandés conocido por su cerámica en este particular azul), color caramelo, encuentro hasta una especie, irónicamente denominada ‘Santa Claus’, roja con un reborde peludo blanco que recuerda sin duda al gorro de Papá Noel.

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Paseando entre combinaciones de flores aprendo también que, pese a su fama, los tulipanes NO son de origen holandés. No doy crédito. El amigo holandés que nos acompaña en la visita nos cuenta que los tulipanes llegaron al país mucho tiempo atrás, con las primeras rutas comerciales establecidas con Turquía. O mejor dicho, el Imperio Otomano, por aquel entonces. ¿Entonces, porque tanta adoración?, pregunto. Nuestro amigo holandés se encoge de hombros. Quizá florecían muy rápido, quizá fue obra de un buen comercio, una moda que se convirtió en costumbre… no se sabe a ciencia cierta, pero esta curiosa flor se ha convertido en un pilar para Holanda, y sin duda un icono. La dependencia es tal, prosigue nuestro amigo, que Holanda a sufrido crisis económicas cuando la producción no ha sido buena. “Un año el invierno fue tan duro que estropeó casi toda la cosecha de tulipanes, y la bolsa de Ámsterdam cayó en picado. El país dependía en gran manera de su comercialización y fue un golpe duro”.

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Con la memoria de mi cámara de fotos al límite y mi bolso lleno de semillas, decido dar una última vuelta al parque antes de volver a la Haya. Realmente, puede que sí que tengan algo de hipnótico…

Lea Buendía

 

¡Larga vida a los tulipanes!
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