De paseo por la historia de León

por Magellan

La biografía familiar de León tiene como primera y obligada referencia a la Catedral, cuya exactitud y vistosidad rozan la perfección. Templo iniciado a mediados del siglo XIII, el elemento más característico de la Pulchra leonina es el conjunto de vidrieras incluido entre los grandes hitos europeos en su género. Son alrededor de 1.900 metros cuadrados que configuran todo un alarde de luminosidad y colorido.

La Catedral de León

A un lado del templo catedralicio se encuentran las termas romanas, testimonio de refinamiento por parte de un imperio que llegó, venció y construyó. Y en la parte trasera damos con las murallas, piedras pulidas por el tiempo que se remontan al siglo III. En los últimos tiempos se han rescatado decenas de lápidas funerarias que estaban incrustadas en las murallas, algunas de ellas pintadas y dedicadas a varios niños de la época.

La Calle Ancha, una de las más bonitas del entramado urbano, brilla con el aderezo propio del talento leonés, hecho que queda patente en los distintos edificios decimonónicos y establecimientos con enorme solera. Cada rincón tiene una leyenda digna de oírse, como prueba el Palacio de Conde Luna. En esta mansión nobiliaria se asentaba el tribunal de la Inquisición.  

Plaza Mayor

Nos adentramos ahora en una telaraña medieval compuesta por calles que ostentan la categoría de monumentos. Aquí se alza la iglesia de Palat de Rey, ordenada construir por Ramiro II para que su hija Elvira profesara como monja. Adentrarse en el casco antiguo equivale a pasar las páginas de un libro de historia. El ayer y el hoy de León queda patente en la Plaza Mayor. Este espacio ha sido a lo largo de los siglos, centro de charla y encuentros, además de acoger desde 1660 los mercados semanales que se celebran los miércoles y sábados.

Muy cerca, la iglesia de San Martín se ve escoltada por una artística fuente fechada en 1801. La Plaza de San Martín es el epicentro del bautizado como Barrio Húmedo, un lugar bohemio de bares y restaurantes donde la vida local alcanza su más divertido apogeo. A modo de emblema monumental, la casa de las Carnicerías se remonta al siglo XVI y estaba ocupada antaño por los abastecedores de carne.

La plaza del Grano

En León nada está demasiado lejos, así que nuestro siguiente destino es el palacio Don Gutierre. En un extremo de la calle de la Rúa, la antigua Rúa de los Francos, vemos el convento de las Concepcionistas, durante cientos de años una isla de meditación y recogimiento. Algo similar ocurre en la vecina iglesia del Mercado, cuyos piadosos muros están empapados de antigüedad. En su parte trasera, la plaza del Grano exhibe todo el discreto encanto de lo popular en su empedrado, el crucero, la exquisita fuente y el convento de las Carbajalas.

Fotos: Miguel A_Munoz Romero

Los tesoros arquitectónicos de los monasterios de León

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