Viaje a Estocolmo, la ciudad que late con ritmo propio

por Arianna Tomasetig

Siempre he sentido curiosidad por viajar al norte de Europa, así que cuando se presentó la oportunidad de organizar un viaje a Estocolmo, me apunté con entusiasmo. Además, la ocasión permitía una reunión familiar, lo que daba un valor añadido a esta escapada.

Mientras el avión empezaba a descender sobre Suecia para aterrizar en el aeropuerto de Arlanda, el espectáculo que se podía apreciar era una tierra de costas accidentadas que se quebraba en innumerables pequeñas islas cubiertas de pinos y abedules, donde en breve empecé a reconocer casas de madera de colores que parecían más bien de juguete.

Nuestro viaje a Estocolmo empieza degustando su delicioso salmón

Al llegar comimos, cómo no, unas ensaladas de salmón, y empezamos nuestra visita con una vuelta por el Gamla Stan, la ciudad vieja, donde se encuentra el palacio real, la hermosa catedral y la histórica plaza Stortorget con el museo del Nobel y los antiguos edificios colorados, que son el verdadero símbolo de la ciudad.

Estocolmo aún no está invadida por el turismo masivo de otras capitales europeas, pues en esta área, todavía se puede respirar un aire antiguo y mágico, como de cuentos de hadas, donde callejuelas estrechas se abren el paso entre elegantes, y pequeñas tiendas a pie de calle con vidrieras enmarcadas de madera oscura.

Gamlastan desde el palacio del Ayuntamiento

Justo las tiendas de esta zona muestran la creatividad artística y el diseño del país, que se reflejan en las joyas originales y elegantes en exposición y los artículos de decoración para la casa, de madera clara y colores vivos con que justo el coloso sueco Ikea ha familiarizado a todo el mundo.

Entre las tiendas del Gamla Stan, destacan las de dulces, con una gran variedad de caramelos de colorines, trufas, bolas de nata, etc., en enormes botes de vidrios en escaparates de madera oscura que invitan a entrar y probar algo de esos caramelos. Mi consejo: ¡ceder a la tentación!

Esta parte de la ciudad también goza de una gran variedad de restaurantes, pubs y locales de vida nocturna que durante el fin de semana se llenan de gente; en cambio no sorprende ver las terrazas vacías, ya que, aun siendo abril, el clima no permite quedarse fuera.

Viaje a Estocolmo. Palacio Real

Palacio Real

Después del paseo por Gamla Stan, pasamos a otra de las 14 islas que componen la ciudad, y que se encuentra justo fuera de centro histórico. Aquí se hayan esas casas bajas de madera perfectas para el clima de estas latitudes. Desde allí pudimos disfrutar la preciosa vista de los edificios del centro que se reflejan en el mar, los rascacielos más lejos y del abundante verde de los parques de la ciudad.

Una de las cosas que nos llamó la atención durante nuestro viaje a Estolcolmo, es darnos cuenta de que la ciudad ofrece una gran cantidad bonitas de vistas, incluso fuera del centro, donde los palacios dejan sitio a las casas de madera en pequeños centros urbanos, parques y bosques y mucha agua, que sea del mar o los lagos en las islas. Un espectáculo de paz y tranquilidad.

Al día siguiente decidimos ir a uno de los parques de Estocolmo, el Skansen, donde se encuentra una reconstrucción de una aldea tradicional sueca, con sus casas y talleres de artesanos. Es un salto atrás en el tiempo, y tuvimos la suerte de disfrutar de un día soleado, perfecto para un paseo al aire libre.

Skansen

Skansen

Las casas, de no más que dos plantas y con los techos muy bajos estaban abiertas a las visitas, y también al interior se podía apreciar las reconstrucción del ambiente antiguo con sus muebles y chimeneas. En algunos casos, como en la casa del cerrajero, también encontramos artesano, que siguen trabajando con herramientas antiguas sin darse por aludido de los turistas extranjeros sacándoles fotos.

El paseo por Skansen es una oportunidad fascinante para volver atrás en el tiempo de doscientos años y hacerse una idea de cómo había debido ser la vida de su gente, que ahora parece tan lejano y de película.

El parque contiene también un zoo, de animales escandinavos, como renos, jabalíes, nutrias, el bisonte europeo, el oso, linces, que atraían a todos los niños.

Aprovechando del buen tiempo, nos quedamos en el parque comiendo un bocadillo de salmón a la brasa, preparado en un chiringuito en la orilla de un pequeño lago al centro de la aldea y nos dirigimos hacia el museo del Vasa, un buque de guerra de 1628,  que naufragó el propio día de su bautismo en el mar en 1628, sin haber llegado ni fuera del puerto de la ciudad, y se rescató del mar en 1961 completamente integro.

El museo del Vasa

El museo del Vasa

La verdad es que nada más entrar en el museo se ve el enorme buque con los palos, y estado de conservación es tan perfecto, que uno casi se espera el Capitán Jack Sparrow saliendo de la cubierta.

El museo está muy bien organizado y la visita con audio guía ofrece al visitante la posibilidad de entender cómo se construía un barco de esas dimensiones, cuál era el prestigio de tener un buque tan grande en la flota real y cómo vivían los marineros en mar.

El buque debería ser suficientemente grande para asustar y vencer a los Poloneses, en esa época los enemigos de Suecia, y satisfacer el orgullo del rey Gustavo II Adolfo y de Suecia.

Por eso es casi irónico conocer que el Vasa se hundió a los 15 minutos de zarpar delante de todos los que habían acudido a su bautismo. En el siglo XVII los conocimientos sobre la flotación eran imprecisos y el Vasa tenía un centro de gravedad muy alto, demasiado alto… Solo bastó una brisa que hizo inclinar la nave, hasta que el agua empezó a entrar por las troneras de la primera línea de los cañones, para que se hundiera en el mismo puerto de Estocolmo, y allí se quedara durante 333 años.

Nuestro viaje a Estocolmo nos había sumergido durante un buen rato en el pasado, y tras ese viaje en el tiempo salimos y decidimos volver a pie hacia el centro. Dejamos la isla de Djurgården y volvemos por el puente que lleva a la calle Strandvaegen que corre al lado del mar, con sus bares modernos y terrazas justo a la orilla y sus edificios al otro lado con un inconfundible aire de belle époque, sus fachadas imponentes, coloradas y señoriales. Por esta calle llegamos a una hermosa plaza de bares en estilo Liberty donde nos tomamos un merecido aperitivo.

Drottingholm

Drottingholm

El día siguiente decidimos pasarlo en Drottingholm la isla de la reina, donde se encuentra el palacio que era de las reinas, y donde ahora vive de forma estable la familia real. El sitio es bonito de verdad, el palacio se abre frente a un lago de cisnes en un sitio tan pacifico que se entiende porqué los reyes se han quedado aquí y no en el centro de la ciudad.

Construido a finales del siglo XVI, el palacio ha sido casa de muchas reinas, y cuenta la historia de la monarquía, las modas y los miembros de las familias reales que se han sucedido en el palacio… por medio de decorados barrocos y llamativos, puertas secretas entre las habitaciones y pinturas con más valor político que decorativo.

Drottningholm, los jardines

Drottningholm, los jardines

Aunque a lo largo del tiempo también varios reyes se quedaron a vivir en el palacio, fueron las reinas las que desde aquí enlazaban amistades diplomáticas y relaciones epistolares con la nobleza y realeza extranjeras.

La joya del palacio en realidad es el pequeño teatro inaugurado en 1744, que sigue en su estado original, con la máquina escénica original que sigue funcionando. Esto se debe a que por siglos el teatro se usó como almacén, fue olvidado y redescubierto intacto en 1920, y ahora forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

viaje a Estocolmo. Drottningholm, la biblioteca

Drottningholm, la biblioteca

A pesar de que ya estábamos a finales de abril, de repente empezó a nevar, y decidimos buscar refugio en un restaurante y probar las famosas albóndigas con mermeladas de frutos rojos… Interesante!

Un viaje a Estocolmo no se puede considerar completo si no se visita el Palacio del Ayuntamiento, donde tiene lugar el banquete anual de los premios Nobel. Por esto el día siguiente dimos un paseo hasta ese edificio de ladrillo que luce una torre alta 106 metros. Inaugurado en 1923, el Ayuntamiento está a la orilla del mar y su jardín tiene una vista espectacular sobre la ciudad vieja por un lado y los rascacielos híper modernos por el otro.

viaje a Estocolmo. Palacio del Ayuntamiento, el Salón Dorado

Palacio del Ayuntamiento, el Salón Dorado

La visita pasa por todas las salas dedicadas al banquete la noche después de la entrega de los premios Nobel, que se tiene lugar por la tarde en otro edificio de la ciudad.

Estas salas solo se pueden visitar con guías ya que el edificio sigue teniendo su función social, y la verdad es que es muy divertido, porque las explicaciones son muy interesantes y llenas de anécdotas curiosas.

La estructura del palacio está inspirada a los edificios renacentistas italianos, y se nota sobre todo en el cortil exterior y en la Sala Azul, que sirve de comedor en el banquete y que, a pesar de tener techo, sigue la estructura de una plaza italiana, con su propia logia.

viaje a Estocolmo. Palacio del Ayuntamiento, la Sala Azul

Palacio del Ayuntamiento, la Sala Azul

Después de la sala azul, se sube a la Galería del Príncipe, que goza de una maravillosa vista al mar y a la ciudad, se llama así por las pinturas murales realizadas por el Príncipe Eugenio. Finalmente se llega al Salón Dorado, donde sigue la fiesta después de la cena. La sala está decorada muy ricamente, ya que las paredes están cubiertas de un enorme mosaico dorado. Durante la visita, es muy fácil imaginar lo bien que se lo pasan los invitados al banquete en un sitio tan bonito.

En nuestro último día de viaje a Estocolmo, nos quedó todavía tiempo para visitar el museo de los Nobel, que se encuentra en la plaza Stortorget, en el Gamla Stan. El museo cuenta la historia de Alfred Nobel y de cómo decidió instituir los premios, explica cómo funciona el proceso de selección del ganador, y recuerda todos los que han ganado un premio desde su institución hasta hoy. Saliendo del museo, aprovechamos para dar un último paseo por la magnífica ciudad antigua y comernos la última bollería antes de volvernos.

Viaje a Estocolmo. Museo de los Nobel

Museo de los Nobel

Estocolmo en cinco días nos ha revelado mucho de su carácter nórdico con sus luces difuminadas y sus paisajes tranquilos, de su naturaleza multicultural y de su rica historia.

Nos fijamos también en que el hecho de que aún no hay la gran cantidad de turistas que se encuentran en otras capitales europeas permite apreciar su carácter original, y observar su gente en su rutina.

Volví a casa tras nuestro viaje a Estocolmo, con las imágenes de los preciosos panoramas, de los colores vivaces, de las calles elegantes y las callejuelas pintorescas, y con los bolsillos llenos de chuches.

 Publicado en el Nº18 de la revista Magellan

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