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Mi viaje a Japón en versión “low cost”

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Con un presupuesto de mil euros regreso de Japón habiendo acumulado riqueza vital en forma de emociones únicas y recuerdos inolvidables

V iajar es lo que más me gusta hacer. En cuanto tengo un poco de tiempo libre, ya tengo la maleta lista. Hablando con amigos y conocidos y contando mis viajes, muy a menudo escucho frases como “¡Qué envidia!¡Allí sí que me encantaría ir!” y al preguntar :“¿Y por qué no vas?”, las motivaciones son normalmente dos: por un lado hay algunas personas a las que le da miedo viajar solos o piensan que puede ser aburrido, mientras que otras que opinan que viajar es demasiado caro. Con respecto a esta segunda motivación, suelo responder con la siguiente cita en la que creo muchísimo: «Viajar es la única cosa que compras que te hace más rico».
Para mi último viaje no tenía un destino planeado, solo sabía qué tenía unos diez días de vacaciones y un budget alrededor de los mil euros. Organizando el viaje, estaba pensando inicialmente ir a Finlandia, sin embargo mirando los vuelos, vi que, paradójicamente, ir a Tokio me costaba lo mismo. Decidí entonces comprar los vuelos, ya que siempre me ha fascinado mucho Japón y la cultura japonesa. Ha sido mi primer viaje tan lejos y también el primer viaje largo que decido hacer solo. Ya había viajado solo a algunas ciudades europeas, pero únicamente para un par de días. Después de esta aventura aún estoy más convencido de que cada viaje es único y la experiencia varía totalmente si se hace solo, en pareja o en grupo y en cada caso es algo maravilloso que nos regala recuerdos que nos durarán para toda la vida.

Japón low cost: Tokio

Tokio

Considerando que tuve que hacer tres escalas, mi viaje duró casi 24 horas pero, contrariamente a mis expectativas, el tiempo pasó muy rápido. Llegué a Tokio cuando ya había anochecido. Mi alojamiento se encontraba al lado de una de las estaciones más grandes de Tokio – en el barrio de Shinjuku – y me preocupaba un poco el caos con el que me hubiera podido enfrentar. Sí que es verdad que había muchísimas personas – aunque las estaciones allí son tan grandes que se parecen a pequeñas ciudades – pero cuando llegué estaba totalmente fascinado del orden y la calma de los japoneses: en Tokio hasta una estación es algo espectacular y totalmente diferente de lo que estamos acostumbrados a ver en el mundo occidental. Al salir de la estación, con las miles de luces de los típicos paneles de la metrópolis nipona, las enormes carreteras y la música, empezó realmente mi viaje y desde el primer momento percibí un sentido de paz interior que en ningún viaje anterior conseguí sentir y que ninguna foto puede realmente transmitir.
Sin dificultad alguna llegué al hotel e interactué con las primeras personas allí: la amabilidad de los japoneses es una de las cosas por las cuales quiero volver apenas pueda, desde el primer momento te sientes bienvenido, como si hubieras llegado a casa.

Japón low cost: El hotel “cápsula¨

El hotel “cápsula¨

Cuando viajo, lo que más me gusta es sumergirme cuanto más pueda en la cultura del destino, por esta razón me aprendí algunas frases en japonés – que me fueron muy útiles considerado que, contrariamente a lo que se suele escuchar, son muy pocos los japoneses que hablan inglés, incluso en la cosmopolita capital- y decidí alojarme en uno de los celebres hoteles cápsula: estos hoteles permiten alojarse de forma muy barata en el centro de la ciudad y vivir una experiencia única y típica del destino. Hay infinitas tipologías, desde los super baratos (donde la calidad no es, digamos, excelente, y las cápsulas son realmente muy pequeñas y un poco cutres) hasta los más originales (existe uno perfecto para los amantes de la lectura que es como una enorme biblioteca, y detrás de los estanterías se sitúan las cápsulas). El que elegí yo, era de categoría medio-alta y la experiencia fue realmente parecida a la de un hotel de lujo: cápsulas bastante amplias con televisión, tablet e internet, un buen onsen con todo tipo de amenities (desde el cepillo de dientes, al mejor acondicionador, realmente no hace falta falta llevar nada de casa), desayuno incluido, maquinas de vending de uso ilimitado a cualquier hora del día y de la noche y, para los apasionados, naturalmente, cientos de revistas de manga. Recomiendo estas tipologías de alojamiento a cualquier persona que quiera ver como vive la gente allí, de hecho los extranjeros éramos muy pocos; todos los demás eran japoneses que, seguramente, terminaban de trabajar cuando los medios de transporte público ya no funcionaban y, como los taxis son muy caros, les sale más barato quedarse una noche en uno de estos hoteles y se lo pasan relajándose en la onsen y leyendo manga.

Japón low cost: El hotel “cápsula¨

El hotel “cápsula¨

Normalmente no suelo planear demasiado los viajes, porque si no creo que se pierde la espontaneidad y la aventura que tanto me gusta, por eso solo había decidido que barrios visitar sin falta y me había quedado un par de días libres para poder decidir en destino, y la estrategia me funcionó muy bien.
El primer día decidí ir a Asakusa, un barrio característico donde se puede respirar un poco la atmósfera del Japón tradicional. Después de un largo recorrido entre quioscos con productos típicos muy, muy concurrido, visité el magnífico templo Sensō-ji: el penetrante perfume a incienso, los fieles rezando, el silencio, me permitieron disfrutar de una experiencia casi mística y me quedé allí observando bastante rato. No tuve la suerte de poder ver la famosa pagoda de cinco plantas que se encuentra justo al lado, la segunda más alta de Japón, porque la estaban reformando: no es grave, ¡una razón más para volver!

Japón low cost: Templo Sensō-ji

Templo Sensō-ji

Lo que más me impresionó de Tokio es la increíble y armónica alternancia entre tradición y modernidad, de hecho, a muy poca distancia de Asakusa se encuentra el Tokyo Sky Tree que tiene 634 metros de altura y es el segundo edificio más alto del mundo. A mí me encantan los rascacielos y estas obras tan imponentes, por eso subir para mi era obligado. Como ya estaba anocheciendo, decidí regresar uno de los últimos días y fue magnifico, mereció hasta el último céntimo. Se puede subir hasta 451 metros de altura, lo que me permitió disfrutar del panorama de todos los barrios donde fui y del océano, y me comentaron además que, en los días más límpidos, hasta es posible ver el monte Fuji.
Otro barrio muy peculiar es el de Shibuya, no lejos de Shinjuku: se trata de un barrio con muchísima vida nocturna, maids cafés, luces y música en cada rincón y donde se encuentra el celebérrimo, concurridísimo cruce, inesperadamente impresionante aunque no apto para quien padezca demofobia (pánico a las multitudes). Es increíble como hasta algo normalmente tan aburrido como un cruce pueda ser tan interesante, y así fue más o menos toda mi experiencia en Japón: todo es diferente y muchas cosas, a ojos del mundo occidental, parecen a veces hasta un poco locas (en el mejor sentido del término).

Japón low cost: Tokyo Sky Tree

Vistas desde el Tokyo Sky Tree

En este sentido fue interesante una experiencia en el metro de Tokio. Normalmente intentaba evitar las horas puntas y los metros y trenes parecían muy tranquilos, casi siempre viajaba sentado y me preguntaba si los famosos videos de trenes llenos hasta lo inimaginable fueran mentira. Un día, a las ocho de la mañana, decidí ir desde la estación de Shinjuku hasta la de Tokio centro y me di cuenta que sí, que es todo real. Me puse en la ordenada cola de dos, esperando al siguiente tren con todos los demás, tranquilo y sin preocupaciones como siempre aquellos días. Cuando llegó el tren, estaba lleno, mejor dicho saturado. Pensé que era imposible subir, pero las personas delante mío subieron… y subieron hasta que me tocó a mí. Un poco presa del pánico, esquivé la entrada y decidí esperar al tren siguiente, las personas detrás mío en la cola me miraron un poco sorprendidos y a la vez divertidos y subieron… ¡todos!. No hace falta decir que el tren siguiente estaba igual de lleno, así que hice como los demás y subí, tal y como mucha otra gente después de mí. No puedo decir que fue una experiencia divertida, pero tampoco tan horrorosa como se puede imaginar. No hay posibilidad de agarrarse, pero de todas formas, como no hay espacio, lo único que puedes hacer es relajarte y dejar que tu cuerpo inmovilizado se apoye en las demás personas esperando que el tren pare a la siguiente estación. Al llegar, casi todo el mundo baja y se vuelve a subir hasta la siguiente estación. En las expresiones de la gente era evidente que esto es totalmente normal para ellos, es lo cotidiano. ¡Desde entonces nunca más me he quejado de lo lleno que está siempre el metro de Barcelona!

Japón low cost: Kamakura

Kamakura

No me quedé toda mi estancia en Tokio, un día hice una escapada a una ciudad a una hora de tren de la capital y creo que fue la parte más interesante de todo el viaje: Kamakura.
En Kamakura pude respirar el verdadero Japón tradicional, es una ciudad con muchísimos templos, cada uno diferente del otro. Vi como unos 15 templos en total y fue fascinante, estaba tan encantado que me pasó algo raro y divertido: una anciana señora japonesa se me acercó hablándome en japonés. Lo primero que pensé era que había hecho algo mal, que había faltado de respeto en alguna forma, pero más allá de gomenasai, wakarimasen, es decir “lo siento, no entiendo”, no pude decirle, no obstante la señora seguía hablando conmigo. Por suerte, no tardó en llegar su hija que después de haberse disculpado por “la molestia”, hizo de interprete entre su madre y yo. La señora simplemente tenía curiosidad en saber porque estaba allí, si me gustaban los templos y me agradeció que apreciara la historia de su país. Estuvimos hablando bastante rato y me sentí muy bienvenido: será un pequeño recuerdo que llevaré conmigo. Cuando hablo de Kamakura creo que se me iluminan los ojos, no obstante es muy complicado explicar porque me gustó tanto. La atmósfera que se respira en aquel lugar mágico no se puede expresar con palabras, ni enseñar en foto: hay que ir. Lo recomiendo a todo el mundo, es un lugar que te cambia profundamente.

Japón low cost: Kamakura

Kamakura

Me impresionó de manera especial una estatua de Buddha (tan grande que se puede entrar dentro) en el templo de Kōtoku-in: la estatua, de una altura de 13 metros, pesa casi 100 toneladas y se construyó en 1252. El templo en el que estaba ubicada inicialmente fue destruido por un tsunami, pero la estatua no se dañó y desde entonces permanece al aire libre.

Japón low cost: templo de Kōtoku-in

Estatua de Buddha en el templo de Kōtoku-in

Para terminar aquel magnífico día, compré sushi para llevar (que no suele ser tan caro como aquí), y me lo comí en la playa con vista al océano: no hace falta decir que fue el mejor que he probado nunca y que me regaló un momento inolvidable.
La comida japonesa por lo general es riquísima, muy variada y normalmente también muy asequible: con tan solo 500 yen (aprox. 5 euros) se puede comer un riquísimo ramen en el restaurante y casi siempre el té verde y el agua están incluidos. Lo que hay que tener en cuenta al ir al restaurante son los ruidos de los vecinos de mesa, que pueden resultar molestos a un occidental: pero la cultura es cultura y hay que respetarla, ¡el mundo es bello porque es variado!

Japón low cost: Odaiba

Área comercial del parque temático en Odaiba

Cuando se hacen viajes como este, el cansancio se puede notar, considerado que se recorren decenas de kilómetros cada día. Por esta razón al final del viaje decidí regalarme otra experiencia en mi opinión totalmente recomendable. En Odaiba, la isla artificial en la bahía de Tokio, hay un enorme onsen y un parque temático muy original. Al entrar se puede elegir un kimono entre varios modelos y después de haberse cambiado con la ropa tradicional, se accede al centro que contiene una variedad de tiendas de objetos y comida tradicionales japoneses, varios restaurantes y una enorme zona dedicada exclusivamente a la onsen, una parte en el exterior y una en el interior, con aguas termales extraídas de 1400 metros de profundidad de la bahía de Tokio. ¡Sencillamente excepcional! Con respecto a los onsen, una información útil para algunos viajeros es que quien lleva tatuajes, desafortunadamente no podrá disfrutar de ninguno de ellos ya que está rigurosamente prohibido el acceso a personas con tatuajes.
Habría mucho más que contar, pero de momento me paro aquí. Japón es un país mágico, que recomiendo a todo el mundo. Es uno de estos viajes que cambia profundamente y un destino al que desde el momento del despegue del vuelo de vuelta hacia casa ya echas de menos. ¡Sayōnara!

Publicado en el Nº28 de la revista Magellan

Sobre el autor

Riccardo Lamberto

Riccardo Lamberto

Amo viajar, porque me encanta todo lo que es diferente. Descubrir cosas nuevas te permite tener una mentalidad abierta hacia todo y todos y te enseña a respetar y amar las demás culturas que es, en mi opinión, fundamental en la sociedad en la que vivimos hoy en día. Me apasionan los idiomas extranjeros y llevo viviendo fuera de Italia desde que tenía 19 años; primero en Alemania y seguidamente en Barcelona, donde vivo desde hace tres años.

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