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Road trip por California

Golden Gate, San Francisco
Berta Rubio
Autor: Berta Rubio
Un viaje emocionante recorriendo las carreteras de la costa Oeste de Estados Unidos, de San Francisco a Santa Mónica
Estaba a punto de realizar el increíble viaje que siempre había soñado: un viaje en carretera por la costa Oeste de Estados Unidos. Todo parecía un sueño: dos amigas, un coche, tres semanas y el viaje perfecto.
Todavía recuerdo las horas previas en el aeropuerto: la emoción por el viaje que estás a punto de emprender, los nervios porque todo salga bien y una sensación de vértigo por no saber exactamente a qué te vas a enfrentar en las próximas tres semanas.
Volamos hasta San Francisco donde pasaríamos siete días. El presupuesto era bastante ajustado, así que habíamos alquilado dos camas en una habitación compartida de un hostal bastante barato. El primer pensamiento que se nos pasó a ambas por la cabeza cuando entramos en aquella pequeña, apestosa y cochambrosa habitación fue huir. Pero después de tan largo viaje, estábamos demasiado cansadas como para dejarnos llevar por la primera impresión. Además, sabíamos a qué nos enfrentábamos pagando un precio tan bajo, y tampoco era el momento de ponerse exquisitas.
Así, pues, el hostal de San Francisco se convirtió en la prueba de la verdad: si superábamos con éxito nuestra estancia allí, estábamos preparadas para dormir en cualquier sitio.
¡Menos mal que le dimos una segunda oportunidad! La peste de la habitación desapareció cuando, tras la primera noche, uno de los huéspedes se marchó. El tamaño y el estado de esas cuatro paredes dejaron de importarnos porque, al fin y al cabo, solo íbamos allí para dormir y cuándo lo hacíamos estábamos tan cansadas que poco nos importaban las condiciones en que estuviese.
Eso sí… el barrio de nuestro hostal era el peor de toda la ciudad, por las noches nos daba miedo andar por los alrededores (y de día también). La frase que más repetimos durante esos primeros días fue: no volveré nunca a esta ciudad. Pero poco a poco, el resto de San Francisco empezó a sorprendernos. Tanto es así que para el tercer día ya teníamos claro que querríamos volver en un futuro.

Baker Beach, San Francisco

Baker Beach, San Francisco

Algunos sitios que visitamos son: Mission Dolores Park y su ambiente al atardecer; el Grand View Park, a pesar de todo lo que andamos para llegar, las vistas desde allá arriba compensaron el esfuerzo; el Golden Gate Park, algo así como el Central Park de San Francisco; un paseo por el Pier 39; Lombard Street, una de las calles más famosas de la ciudad por su forma en zigzag; el Palace of Fine Arts, un sitio muy bonito que también deberíais visitar si tenéis tiempo; nadie se puede ir de San Francisco sin haber visto las Painted Ladies, es algo tan mítico que yo lo considero una parada obligatoria; Baker Beach, una playa con unas vistas preciosas del Golden Gate; y por supuesto, el Golden Gate.
Con el Golden Gate hago punto y aparte porque nosotras optamos por alquilar una bicicleta para todo el día y cruzar el mítico puente pedaleando hasta llegar a Sausalito, lo que fue sin duda, una de las mejores experiencias de todo el viaje.
Dijimos adiós a San Francisco desde el aeropuerto, donde alquilamos un coche, algo que nos hizo sudar la gota gorda con seguros extra obligatorios que en un principio no estaban incluidos en el precio. Pero tras desembolsar algo más de dinero del previsto, nos pusimos en marcha.

Bixby Creek Bridge

Bixby Creek Bridge, Big Sur

Nuestra segunda parada fue Big Sur. En realidad hicimos un pequeño desvío porque a mí me hacía ilusión recorrer esa parte de California, las carreteras de la Highway 01 con esas impresionantes vistas que tantas veces había visto en las películas. Habíamos pensado pasar allí la noche, pero como ya habíamos visto lo que queríamos y todavía era temprano, decidimos poner rumbo hacia nuestro tercer destino. Y es que eso es una de las ventajas de ir “a la aventura”, a pesar de tener un itinerario en mente, lo puedes ir modificando según te plazca.
Tercera parada: Las Vegas. Con ocho horas y media de viaje por delante y sin saber dónde pasaríamos la noche, acabamos varias horas después casi literalmente en medio de la nada, mirabas al frente y no se veía más que carretera, mirabas a los lados y lo único veías eran paisajes desérticos. Ni una triste gasolinera. Comenzaba a anochecer, así que buscamos algún lugar donde hospedarnos. La solución más rápida y económica: motel de carretera.

camino a Las Vegas

Atardecer en medio de la nada, camino a Las Vegas

Fue toda una experiencia porque esos lugares son tal cual aparecen en las películas, y es el típico sitio donde ocurren cosas malas. Y si a eso le sumamos que cada uno de ellos tenía en Internet comentarios de otros viajeros del tipo “había manchas de sangre en la puerta” o, “por la noche se escuchaban tiroteos”… se puede decir que nos alegró despertar sanas y salvas a la mañana siguiente.
Después de varias horas de carretera, llegamos por fin a Las Vegas. Nuestro hostal de la ciudad de Nevada parecía bastante desagradable desde fuera, pero por dentro estaba bastante bien y muy limpio y ¡por solo 8 euros la noche! Desafortunadamente, poco puedo decir de Las Vegas, vimos lo imprescindible. Estábamos tan cansadas de las horas previas en la carretera que tampoco nos importó: habíamos visto lo necesario, que tampoco es más que una gran calle principal con réplicas de monumentos de todos los países del mundo, casinos, hoteles… Y caros Starbucks (me dolieron en el alma los 10 dólares que nos cobraron por un café. Nos salió más barato el alojamiento).

El Gran Cañón, Arizona

El Gran Cañón, Arizona

Nuestro cuarto destino era el Gran Cañón del Colorado, en Arizona. Nos alojamos en un hostal (muy limpio y con unas camas de lujo para lo que estábamos acostumbradas), en Williams, un pueblo de la famosa ruta 66 y uno de los pueblos más cercanos al Gran Cañón, con un ambiente muy típico americano al que estamos acostumbrados a ver en las películas, con barrillas incluidas (más comúnmente conocidas por todos como bolas del desierto). Vimos el atardecer en el Gran Cañón, otra cosa más para tachar de la lista de cosas que hacer antes de morir. Ese sitio es enorme, así que volvimos a la mañana del día siguiente para ver otra parte del parque nacional. No creo que viésemos ni una cuarta parte, pero fue una experiencia muy bonita y recomendable.
Después de eso, pusimos rumbo a San Diego. Llegamos allí después de otra noche en un motel de algún lugar en medio de la nada. En San Diego estuvimos unos tres días, alojadas en un hotel (un lujo si recordamos nuestro paso por el mugriento hostal de San Francisco). Visitamos algunas playas como la Jolla Cove, donde además puedes ver a los leones marinos acampar a sus anchas e incluso acariciarlos (si no te importa correr el riesgo de llevarte un buen mordisco, claro).
Otra parada obligatoria en San Diego es el Balboa Park, un parque que cuenta con varios museos, un zoológico, exhibiciones… Y el parque en sí es muy bonito, algunos de sus edificios tienen el estilo del Renacimiento español, y espacios preciosos como el jardín Alcázar. Merece la pena visitarlo con tranquilidad.

atardecer en San Diego

Turistas contemplando el atardecer en San Diego

Además, por su historia y por su cercanía con México, San Diego tiene lugares como el Old Town que es como la parte vieja de la ciudad que directamente te transporta a México. Es otra parada obligatoria si visitas San Diego, y si vas en fechas cercanas a Halloween podrás ver cómo celebran “el día de los muertos” que debe de ser algo digno de ver. Nosotras fuimos unos días después y todavía tenían por allí algunos esqueletos decorativos vestidos con trajes típicos mexicanos, etc.
Nuestra sexta parada fue Santa Bárbara. Es una ciudad pequeña, pero igualmente recomendable. Merece la pena visitar sitios como la Country Courthouse, tanto por fuera como por dentro, y si subes arriba tiene una especie de torre con unas vistas muy bonitas de la ciudad.

Country Courthouse, Santa Bárbara

Country Courthouse, Santa Bárbara

O el Presidio Real, que es una instalación militar que además guarda relación con España porque fue el último puesto militar construido por España en América, un poquito de nuestra propia historia que te encuentras en otros lugares del mundo.
Y el centro de la ciudad también está muy bien, tienen tiendas y muchos restaurantes y sitios baratos donde comer.
Tengo que hablar también de nuestro hospedaje en Santa Bárbara porque cuando lo reservamos el día de antes desde el móvil, creíamos que era un hostal, y resulta que era más bien algo así como una casa en la que alquilaban alguna habitación. Después del shock inicial, no nos importó demasiado y dormimos bien, por lo que no fue una mala experiencia.
Y por último, nuestra última parada y una de las que esperábamos con más ansias: Los Ángeles. Hicimos la reserva del hostal unos días antes y fue una de las mejores elecciones, no puedo tener ninguna queja esta vez, y además la ubicación era perfecta (en pleno paseo de la fama).
Los Ángeles es una ciudad de distancias largas: o dispones de un coche o te toca recorrer gran parte de la ciudad a pie y utilizar los buses que, aunque bien comunicados, te harán perder muchas horas. Nosotras habíamos devuelto el coche al llegar porque al ser nuestra última parada no lo considerábamos ya necesario.
El primer día visitamos Venice y Santa Mónica. Venice es un sitio con gente muy peculiar, es curioso caminar por el paseo marítimo y que a cada dos pasos te ofrezcan marihuana (allí es legal). Santa Mónica es un lugar más tranquilo, y visitar el famoso muelle con su noria y otras atracciones es otra parada obligatoria. Un día alquilamos unas bicicletas y pedaleamos la ciudad durante un par de horas hasta llegar a Santa Mónica, pasando por Beverly Hills. La bicicleta fue una manera estupenda de conocer la ciudad, igual que ya habíamos hecho en San Francisco.

Santa Mónica Pier

Santa Mónica Pier al atardecer, Los Ángeles

Los siguientes días los aprovechamos para ver sitios como el Griffith Observatory (hay que hacer senderismo para llegar allí, pero las vistas merecen la pena); el Runyon Canyon Park, también con unas vistas increíbles de la ciudad (nosotras fuimos con una excursión que organizaban los del hostal y estaba bastante bien); y los últimos días visitamos el LACMA, el City Hall, el Walt Disney Concert Hall, y en general el Downton de la ciudad; y por supuesto, recorrimos a fondo el paseo de la fama (incluso vimos a la conocida, ahora ex pareja, Brangelina que asistía a una premiere).
En definitiva, Los Ángeles fue el cierre perfecto para un viaje increíble que sin duda me hizo sentir el espíritu aventurero de querer recorrer el mundo y conocer más de otras culturas, personas y lugares; un viaje que me hizo ver y valorar la vida de otra manera, y que me hizo sentir el ansia y la necesidad de viajar y convertirme en ciudadano del mundo.

Publicado en el Nº26 de la revista Magellan

Sobre el autor

Berta Rubio

Berta Rubio

Soy Educadora Infantil, aficionada a la fotografía (no puedo ir de viaje sin mi cámara), y a la lectura. Soñadora y enamorada de los atardeceres. Últimamente me he aficionado a viajar y no pienso en otra cosa.

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