Nueva York

Nueva York, un sueño hecho realidad

Nueva York
Rossana Peris
Recorriendo la gran manzana en Navidad y entendiendo porque es imposible resistirse a sus encantos

Dicen que un viaje se vive tres veces, al soñarlo, al vivirlo y al recordarlo, todos mis viajes, sin excepción, han pasado por esas tres fases pero quizá el viaje que me trae a las páginas de Magellan sea uno de los más soñados, vivido y recordado…
Mi hijo cumplió 25 años en diciembre de 2016 y fue en septiembre de ese mismo año cuando empecé a soñar con un regalo hecho viaje y con un destino amado por él y hasta ese momento desconocido para mí, Nueva York. Os puede parece no gran cosa pero por infinidad de motivos ese destino era el regalo perfecto y además compartido, de alguna manera estaba haciendo realidad un sueño.
Desde el momento en que tomé la decisión me informé a través de blogs, publicaciones, familia, amigos… todos tenían algo que explicar, que ver, donde dormir, los imperdibles y así poco a poco iba tomando forma mi sueño, que seguía siendo sólo mío porque mi hijo no lo descubriría antes de su aniversario, el factor sorpresa también formaba parte de mi sueño.

Vista de Manhattan desde el Ferry a Staten Island

Tuve la gran suerte de que el “cumpleañero” llegó un día a casa diciendo “me quedan días de vacaciones así que las dos últimas semana de diciembre me las tomo de fiesta”, ¡toma ya! Una señal en toda regla, ahora sí podía ponerle fecha a mi sorpresa viajera, el sueño viajero empezaba a coger forma. Era el mes de octubre y empecé con la búsqueda de vuelos, como cualquier mortal, buscaba vuelos directos de grandes compañías a precios económicos y teniendo en cuenta que viajaba en diciembre, del 18 al 24 no era algo sencillo, pero sí, lo conseguí y no sólo el avión sino que a través de la propia compañía aérea BA, encontré el alojamiento, una suite en el hotel Grand Hyatt, en pleno centro de Manhattan al lado de Central Station… eso si era un sueño que no me creí hasta que llegué al hotel y descubrí que era verdad… cuantas veces pensé que era imposible y que cuando llegará al hotel iban a decirme que había habido un error en la reserva, que el precio era otro o que se yo… era demasiado perfecto para ser verdad y lo fue.
Billetes comprados, hotel reservado, ESTA  (visado de entrada a EEUU) solicitada, sólo quedaba esperar el gran día para hacer entrega del regalo, dicen que me “curro” los regalos y en esta ocasión estaba toda la familia expectante. Se suele decir que menos es más así que lo hice fácil, imprimí todo, billetes, hotel y ESTA, los guardé en un porta documentos viajero, papel de regalo, un lazo y ya estaba listo. Cena, pastel, velas, regalos (muchos) y cuando ya estábamos terminando y él agradecía a todos el acompañarle en esa noche, le dije “yo también tengo algo para ti, vamos a ver si he acertado” y así es como se cumplió la primera parte de mi/nuestro viaje ¡soñándolo!

Sacks Fifth Avenue

Espectáculo de luces y música en la fachada de Sacks Fifth Avenue

Ahora tocaba vivirlo, el día 13 por la noche le entregaba su regalo, el día 18 volábamos a JFK y en ¡Navidad!, menos de una semana para que él preparara nuestro sueño, ya había viajado a NYC en dos ocasiones y conocía la ciudad, así que diseño toda una agenda para que en una semana pudiéramos exprimir al mismo una ciudad de la que todo el mundo me había contado siempre maravillas.
El vuelo con BA fantástico, había solicitado menú especial (soy celiaca) y fue perfecto, vaya pan rico, rico que más de un restaurante quisiera servir. Eso sí casi me cuesta más dinero reservar los asientos del vuelo de regreso que el propio billete de avión, pero preferí asegurarme el regreso juntos, volábamos el 24/12 por la noche y el vuelo iba muy lleno, como dice la publicidad “…vuelve a casa por Navidad”.
Y llegó el momento de pasar el control fronterizo, ¿quién no conoce a alguien que lo han retenido, que le han registrado, que ha pasado horas en el control? Todos tenemos un amigo, o un conocido de un amigo o un vecino de un padre del cole… bien pues yo soy de los del otro grupo, pasamos el control sin hacer cola, presentamos la documentación y nos dieron la bienvenida, y ya, ya estábamos en NYC.

Times Square

La noche cae sobre Times Square

Mi primera impresión no fue buena, habíamos reservado tickets para coger un transfer que te lleva a Manhattan, la zona de espera del aeropuerto era fea, vieja, estaba vacía, no se parecía a lo que una ha visto hasta la saciedad en las películas y cuando llegó el transfer acabó de rematarlo, estaba destartalado jajajaja, mejor tomarlo a risa. La entrada a la ciudad no me pareció mucho mejor, empezaba a pensar que a ver si iba a ser yo la que dijera que NYC “pues que quieres que te diga…” pero de repente empiezas a ver táxis amarillos, rascacielos, un puente que de repente identificas y no sabes como pero la ciudad te atrapa para siempre.

El trafico neoyorkino

El trafico neoyorkino

Nuestra van destartalada consiguió llegar a la puerta del hotel, y que hotel, cada vez tenía más claro que esa suite no iba a existir, al pisar la calle ya empezó la locura “mira mamá el edificio Chrysler, esa es la entrada a la estación central y por ahí se va a Times Square”, el sueño era real, ahora sí que sí. Y la suite, en la última planta del hotel, también fue real. Tras una breve inspección de la que sería nuestra casa durante la próxima semana, dejamos las maletas, nos refrescamos y salimos a comernos el mundo, aunque un poco más y me come el a mí.
Lo primero que me dijo mi hijo al salir del hotel fue, “mamá no mires todo el rato hacia arriba que pareces una ¡¡¡turista!!!” pero si es lo que era, me estaba volviendo loca, parecía un niño pequeño en Disneyland, ¡¡¡lo señalaba todo!!! Era una pasada hasta que giramos por la Quinta Avenida, ¡Dios mío! Todo el mundo se había concentrado allí, luego vimos que era porque había un show de luces y música por gentileza de los almacenes Sacks.

Los rascacielos de NYC

Los rascacielos de NYC

Reconozco que hubo un momento de agobio y miedo, tuve que cogerme de la mano a mi hijo para no despistarnos, y pensé si esto va ser así cada día será un desastre.
Como podéis imaginar no fue así, y fueron muchas las veces que paseé por delante de esos almacenes y otras tantas las que entré, incluso compré un regalo que luego devolví porque me gustaba más otra cosa que vi en Macy’s, demasiada oferta para unos compradores compulsivos como nosotros.
Fueron días intensos, no queríamos dejar nada atrás, y con un guía privado como el que yo llevaba me movía como pez en el agua aunque en alguna ocasión nos equivocáramos con la línea de metro. Subí al Empire pero me quedo con las vistas del Rockefeller Center, me emocioné por no decir que lloré en la zona cero, cogí el ferry para ir a Staten Island y vi a la Señora… la Estatua de la Libertat. Paseé bajo la lluvia por Central Park, disfruté del skyline neoyorkino desde el puente de Brooklyn.

MET

MET

No faltaron las visitas al Guggenheim, el MET, al museo de ciencias naturales y el MOMA, me quedo con el primero y el último, al MET tengo que volver para dedicarle el tiempo que se merece (estoy ya empezando a soñarlo). Encendí velas a mis recuerdos (ellos saben quienes son) en la catedral de San Patrick, recorrí todas las tiendas más cool de la ciudad. Me enfundé un albornoz de color rojo para protegerme del frío en una de las azoteas de la ciudad, y degusté un fantástico gin tonic mientras el Empire State Builing iluminado en rojo y verde nos miraba.
Hubo tiempo para disfrutar de la compañía de unos buenos amigos de nuestra familia y gracias a ellos tuvimos la oportunidad de cenar en el Club Harvard de Nueva York, toda una experiencia.

El toro de Wall Street

El toro de Wall Street

Y sí, muy a pesar de mi hijo, fui una turista más en NYC, miré hacia arriba, disfruté de la imagen de los rascacielos, entré en Tiffany’s (y compré), señale igual que Colón en Colombus Circus, le toque las “balls” al toro de Wall Street, me perdí entre los mercadillos navideños, y como tortitas ¡sin gluten! Dicho de otra manera, ¡viví mi viaje!
Hoy, cuando se cumple un año, he querido recordarlo para compartirlo con vosotros. Podría haber escrito un relato hablando sobre Nueva York pero creo que se ha escrito mucho y mejor que yo, sobre una ciudad que te atrapa y ya no la puedes olvidar.

Publicado en el Nº35 de la revista Magellan

Sobre el autor

Rossana Peris

Rossana Peris

Me encanta viajar y me encanta el teatro, son mis dos pasiones, y si puedo aunar un espectáculo teatral con un viaje, entonces soy la persona más feliz del mundo.
Me gusta cualquier destino, soy curiosa, y quiero aprender de cada lugar. Adoro los viajes en tren mucho más que en avión. Soy muy activa y el tren es el lugar perfecto para mi. Un libro, mi inseparable tableta, mi móvil, y a viajar!!!

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