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Mis descubrimientos gastronómicos del año

Gastronomia

Se acerca diciembre y empieza a ser momento de empezar a mirar atrás (solo mirar) y hacer balance de todo lo vivido durante estos meses, aunque hoy nos vamos a centrar en todo lo vivido gastronómicamente hablando, en esos restaurantes que han marcado la diferencia, esos que le han mejorado a uno el día, de los que han salido y ya estaban pensando en cuando y como iban a volver, en esos restaurantes en los que se han dejado buenas propinas (porque “siempre se deja propina, alta si has sido feliz”). En orden cronológico, ahí van:

El Chigre (Carrer dels Sombrerers, 7, Barcelona): “una sidrería/vermutería “catariana”, así se definen ellos, gastronomía catalana y asturiana en un mismo lugar. Desde mi punto de vista lo de sidrería/vermutería se queda bastante corto, su carta no es muy larga pero todo lo que tienen en ella es maravilloso (lo de fuera de carta es otra historia, y no muy buena francamente), no pueden irse sin probar las patatinas con Cabrales y crema de nueces ni el pulpo. Mención especial para la extensa carta de vermuts, vinos y cavas, el hilo musical (no se esfuercen en preguntar por él, no les darán la lista de Spotify) y si van, pregunten por Borja, el mejor camarero del local.

Ukai Kitcho (Carrer de Mallorca, 188, Barcelona): sin duda uno de los mejores japoneses de la ciudad, en Ukai nos olvidamos de Miu, Nomo e Ikibana. Situado en pleno Eixample, he repetido varias veces a lo largo del año y ninguna, de verdad, ninguna vez hemos comido mal. Una carta bastante amplia, en la que podrán probar todo tipo de makis, uramakis, nigiris y noodles. Es imprescindible que pidan la Vieira con foie flameado, los nigiris de pez mantequilla y el spicy tuna uramaki. Si van a ir, reserven por el tenedor, hacen un 30% de descuento.

Entrepanes Díaz (Carrer de Pau Claris, 189, Barcelona): si son fans de Bar Mut (si no lo conocen, paren la lectura y llamen para reservar) seguramente ya lo serán de Entrepanes Díaz ya que comparten calle y propietario. Entrepanes Díaz es siempre un acierto, tanto para una caña rápida para hacer tiempo, como para un vermut con sus buenísimas bravas o para una cena. El local no es muy grande pero la calidad de la comida que sirven es gigante. De aquí no deberían marcharse sin pedir las tortas de camarones, ni la morcilla negra con huevo de codorniz y muchísimo menos sin pedir uno de sus bocatas, evidentemente todo maridado con un buen vermut.

Artte (Carrer de Muntaner, 83C, Barcelona): este se cuela en la lista después de la última cena allí, en su carta van a encontrar tanto una tapa de croquetas, sin desmerecerlas, porque están riquísimas (ese rebozado con panko les da el punto de diferencia), como un bao de calamares rebozados que es un espectáculo, además en la carta encontrarán pastas, arroces, carnes, pescados y platos vegetarianos. Como ya habrán supuesto, han de pedir sí o sí el bao de chipirones y si les gusta el picante, la causa limeña es para ustedes. Mención especial para la decoración del local, que es maravillosa con sus larguísimos Chester y la bellísima ilustración de Conrad Roset.

Grasshopper Ramen Bar (Plaça de la Llana, 9, Barcelona): me estrené en esto del ramen en Grasshopper y bueno, el hecho de que estén leyendo sobre él es indicativo de que si les gusta el ramen, deberían pasarse por ahí a la mayor brevedad (si es que no lo han hecho ya). El menú no es especialmente largo y el local es pequeño (no más de 20 personas en una barra), pero creanme que vale la pena, los boles de ramen son de buen tamaño para una persona y si ven que les sabe a poco pidan una de las tapas de la carta, como por ejemplo el Kimchi. Si todo esto no les ha convencido, pregunten por las cervezas artesanas.

Bluber (Carrer dels Carders, 11, Barcelona): ¿saben ese local que entran por primera vez y dicen, “uy, esperaba otra cosa” y al final salen diciendo, “¿cuándo volvemos?”? Bluber es eso, una carta corta, pero en la que cada plato es mejor que el anterior. Mesas altas en la entrada y un salón con mesas bajas al fondo y todo lleno, eso es lo que se van a encontrar si van sin reserva. La coca de Pagés y el tartar de butifarra negra son obligatorios aquí y no se olviden de hacer sitio para el postre. Ah, y pregunten por el licor cassis para ayudar a la digestión.

Estos han sido mis descubrimientos gastronómicos del año en mi ciudad, seguramente repetiré en alguno antes de que se termine 2017 y quizá incluso deba actualizar la lista a última hora (ojalá) pero hasta la fecha estos son. No tarden en visitarlos y si ustedes han descubierto un sitio como el que les describía en el primer párrafo, déjenlo en los comentarios y ayúdenos a todos a ser un poco más felices.

Sobre el autor

Gonzalo Paraíso

Gonzalo Paraíso

Mi nombre es Gonzalo y vivo en Barcelona. Estudio y trabajo. Aficionado del arte, el calzado y la moda masculina. Viajero y ‘foodie’. Muchas ideas y poco tiempo para llevarlas a cabo. Intentando sacar tiempo de donde no lo hay. Siempre en movimiento.

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