Lanzarote

Lanzarote: la isla del verano eterno

Los Hervideros
Una guía de todo lo que el viajero no debería perderse en un recorrido por la bella y volcánica isla canaria

El vaivén de las olas componen una banda sonora magnética. Cierras los ojos, reposando sobre la clara arena sedosa, y disfrutas del nada por hacer. El calor del sol te abraza y la brisa marina acaricia tu piel. Al fin te incorporas y descubres ante ti una playa paradisiaca, dominada por el agua turquesa al frente y el islote del Monte Clara detrás. El ambiente invita al nado y avanzas hasta la orilla para mojarte los pies. Flotas boca arriba mirando al cielo, sereno y azul, y, por un segundo, te olvidas de que es invierno y no has salido de España.
Cualquiera que despertase en La Graciosa sin recuerdos recientes creería hallarse en el Caribe. La vecina de Lanzarote, en el archipiélago canario, es la joya de un destino popular por su clima tropical, con temperaturas que sobrepasan los 20 grados todo el año. Los pueblos blancos, el paisaje volcánico y las actividades deportivas conforman una isla tan atractiva como especial. El surf por bandera, las papas con mojo de guarnición y montones de maravillas que esperan tu visita. Te cuento qué ver y hacer en la tierra de César Manrique.

Cueva de los Verdes

La Cueva de los Verdes

La Cueva de los Verdes
Lanzarote esconde un secreto subterráneo. En las entrañas del volcán La Corona se encuentra la Cueva de los Verdes, una inmensa gruta con un interior tan apasionante como mágico. Apasionante por su historia: un tubo volcánico formado hace 5.000 años y que sirvió de refugio para la población local frente a los ataques de los corsarios berberiscos en los siglos XVI y XVII. Mágico por su interior: adentrarse en sus túneles es vivir una de aquellas aventuras vernesianas que cualquier explorador quiere presenciar. Un viaje al centro de la Tierra sin mastodontes ni bosques de hongos gigantes, pero con un recorrido de un kilómetro abierto al público de galería   superpuestas, con subidas y bajadas, cavidades infinitas, paredes que cambian de color según la luz e imponentes paisajes rocosos.

Surfear en Famara
Caleta de Famara es la capital del surf en la isla. Aquí encontrarás las mejores escuelas para iniciarte en este deporte y en los alrededores las mejores playas para practicarlo, desde zonas calmadas para principiantes hasta factorías de buenas olas para expertos. La blancura de las casas y las calas frente al Risco también convierten esta localidad canaria en una visita imprescindible para el viajero.

Surf en Famara

Surf en Famara

El Jardín del Cactus
¿Te imaginas andar entre 7.200 ejemplares de más de 10.000 especies de cactus? Es posible en la última creación del artista local César Manrique, una intervención arquitectónica donde la naturaleza se funde con el arte.

Playa Caletón Blanco
Esta pequeña cala, cercana al pueblo pesquero de Órzola, es una piscina natural de arena blanca y aguas cristalinas. Una maravilla salpicada de rocas volcánicas cuyas formas circulares actúan como pequeñas bañeras, perfectas para familias con peques que no sepan nadar. También ideales para los amantes del snorkel, pues son un criadero de peces que buscan comer. Un lugar idóneo para relajarse, alejado de las grandes aglomeraciones de gente.

Mirador del Río
En lo alto del Risco de Famara, a 475 metros de altura, se halla este espectacular mirador. Desde aquí, si tienes suerte (y la niebla te lo permite) obtendrás una de las panorámicas más privilegiadas del Archipiélago Chinijo, presidido por La Graciosa.

Panoramica del Timanfaya

Panoramica del Timanfaya

Parque Nacional del Timanfaya
Cuenta la leyenda que, durante las erupciones de 1730, en los alrededores del Timanfaya se estaba llevando a cabo una boda. El enlace unía al hijo de una familia pudiente con la hija de unos agricultores de plantas medicinales. Cuando el volcán estalló, llovieron piedras del cielo que destrozaron casas, plantaciones y granjas. La gente corría alocada, intentando salvarse del desastre, pero la mala fortuna se apoderó de la pareja recién casada y una roca sepultó a la mujer. El joven enloqueció y, cogiendo un tridente de cinco puntas trató de sacársela de encima y lo consiguió. Pero fue demasiado tarde. La joven perdió la vida. Él la cogió y se la llevó corriendo en busca de un lugar seguro. Al cabo de un rato, los vecinos avistaron en una colina cercana al joven gritando de rabia entre el polvo y el humo, a contraluz de una gran luna que se erigía detrás. Fue entonces cuando los vecinos entonaron el “pobre diablo”.
Tras las erupciones de 1730, el volcán volvió a rugir: en 1736 primero y en 1824 después. Como consecuencia de ello, gran parte de la isla quedó cubierta de lava y varios pueblos desaparecieron, dejando como vestigio un paisaje del todo especial. Recorrer el Parque Nacional del Timanfaya es apreciar los rojos, ocres, naranjas, pardos y negros en las particulares formaciones rocosas, es sentirse insignificante avanzando entre siluetas de grandes volcanes y embelesarse con las vistas privilegiadas con la costa al horizonte. Constatar la fuerza de la naturaleza, observando los hornos naturales que aprovechan el calor subterráneo o la potencia de los geiseres propulsados al cielo. Un espectáculo.

Lago Verde

Lago Verde

Ruta por el suroeste
Recorriendo el suroeste de Lanzarote desde El Golfo hasta el Caletón del Rijo, el viajero encontrará cuatro paisajes del todo particulares. El recorrido, perfecto de hacer en medio día, tiene el Lago Verde como primera parada. Se trata de un charco curioso por su color, debido a la mezcla del azufre que contiene el agua con el alga que vive en su interior.
La segunda parada son Los Hervideros, un conjunto de imponentes acantilados y agujeros en la roca que conforman una imagen espectacular de lejos y un concierto sonoro de cerca, con el viento y el agua contra las grutas como instrumentos principales. De camino a la última parada, aún habrá tiempo para una visita rápida: el paisaje multicolor de Las Salinas de Janubio, con tonos azules, morados, beige o blancos.
Finalmente, el viajero llegará a un balneario al aire libre. ¡Y gratis! Los Charcones son un grupo de agujeros en la roca volcánica que, al estar junto al mar, se llenan de agua salada, transformándose así en piscinas naturales. El difícil acceso hasta este rincón, situado entre Playa Blanca y las Salinas del Janubio, y su desconocimiento general lo convierten en un oasis de paz perfecto para bañarse y desconectar.

Playa del Papagayo

Playa del Papagayo

Playa del Papagayo
Otra buena playa en Lanzarote, conocida por su forma de concha. Aislada, tranquila y relativamente pequeña. La playa del Papagayo se encuentra en el Monumento Natural de Los Ajaches, rodeada de rocas y desierto. Un lugar ideal para bañarse sin problemas gracias a su situación, resguardada del viento y de las grandes olas. Bañarse aquí es una delicia, sumergiéndose en aguas esmeraldas, relajándose junto a las rocas dentro del mar o explorando el fondo marino, ya que se trata de un buen lugar donde hacer snorkel. El único pero es su gran fama, que la convierte en un espacio masificado en temporada alta.

De excursión a La Graciosa
Una experiencia con mayúsculas. Disfrutar del turismo activo nunca fue tan fácil como en La Graciosa, una isla ideal de recorrer sobre ruedas. A tu llegada en ferry desde Órzola encontrarás varias empresas que alquilan bicicletas. ¡No te lo pienses demasiado, que te las quitan de las manos! Así podrás llegar rápidamente hasta los atractivos más espectaculares de la isla. Enfúndate el casco, elige tu bici y empieza la aventura.

La Graciosa

Turismo activo en La Graciosa

Coge el camino hacia el norte rumbo a la paradisíaca playa de la Concha, un trocito del Caribe en las Islas Canarias, con arena rubia y aguas turquesas. Allá podrás bañarte y refrescarte un ratito (créeme que nunca un baño te habrá sentado tan bien). Entonces tendrás dos opciones: volver de nuevo al muelle deshaciendo el camino de ida o tomar la senda larga y seguir descubriendo el norte de La Graciosa. Si eres valiente, disfrutarás de los mejores paisajes como recompensa.

Publicado en el Nº35 de la revista Magellan

Sobre el autor

Guillem Serra Almansa

Guillem Serra Almansa

Periodista de viajes. Nací en Cardedeu en 1993, a los dos años empecé a hablar y desde entonces no he parado de contar historias. Graduado por la Facultad de Comunicación Blanquerna, revivo mis andaduras por medio de la pluma y el micrófono. También edito la revista Globotroter.

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