Relatos de viaje

La Bella Venecia en primavera

Venecia
L La primera vez que estuve en Venecia en el año 1983, fue amor a primera vista a pesar de que era verano y el calor y la cantidad de visitantes me apabullaban, pero al caer la noche se convertía en una ciudad serena, donde los restaurantes, terrazas y cafés ofrecían y siguen ofreciendo su encanto a la luz de las farolas y el rumor del agua de los canales.

Pues sí, me enamoré de Venecia y la he visitado en seis ocasiones, verano, invierno y ahora en primavera, esta vez con mi sobrina porque quería enseñarle el lugar donde una vez dije que me podría perder. Y de nuevo me ha cautivado, por lo tanto os voy a relatar mis sensaciones y espero que os vengáis conmigo a este viaje. Visitar Venecia por primera vez requiere al menos 3 días completos, y nos dejaremos muchas cosas para la siguiente visita, así que comenzamos.

Llegamos al aeropuerto de Venecia el sábado a primera hora y después de la última vez hace cinco años, me sorprendieron gratamente las nuevas instalaciones y organización desde el aeropuerto para llegar al centro de la isla. Para los accesos a los embarcaderos te desplazas siempre dentro del aeropuerto (recuerdo otros viajes anteriores bajo la lluvia) y hay varias opciones: autobús desde la terminal hasta Piazzale Roma y luego en vaporetto por el gran canal con el coste más asequible, el servicio acuático Alilaguna directamente desde el embarcadero al centro de la ciudad, con un coste algo superior pero sin tener que hacer cambios y por supuesto el taxi acuático que resulta cómodo pero caro, aunque muy interesante si sois al menos 6/8 personas para el mismo sitio.

Nosotras optamos por Alilaguna (tiene varias líneas) y la Arancia que entra por el gran canal nos dejaba muy cerca del hotel. Empecé a reconocer “mi Venecia” en un día invernal con el cielo azul y pocas nubes. la emoción iba subiendo y cada vez me encontraba más y más cómoda. Llegamos a nuestro destino en Sta. Maria dei Giglio a unas calles del hotel, lo que nos permitió hacer el primer paseo, con nuestra maleta de cabina, entre puentes y canales.

La ciudad de Venecia es diferente a cualquier otra ciudad del mundo que hayamos conocido o queramos conocer. Está situada en el Veneto al norte de Italia en la costa Adriática construida sobre la laguna frente al continente, y se compone de un conjunto de islas con infinidad de canales y puentes. Diría que es irreal, pues en el momento en que entras en ella, desaparecen las carreteras y los coches, motos o bicicletas y eres tú, a pie, quien manda y quien decide por dónde moverse. Pero no nos asustemos, Venecia nos lo pone fácil.

El gran canal la divide en dos orillas y a su alrededor se sitúan los 6 principales barrios o sestieres: a un lado San Marco, Castello, Cannaregio y al otro, Dorsoduro, San Polo y Santa Croce. Actualmente hay cuatro puentes, por supuesto peatonales, que comunican ambas orillas del gran canal, pero podemos movernos por el agua en vaporetto de un lado a otro y bajarnos en cualquiera de las paradas para pasear por la zona elegida, visitar los museos y edificios abiertos al público o simplemente recorrer los atractivos rincones y hacer fotos.

La Piazza di San Marco y el Campanile

Al llegar al hotel, ubicado en la orilla del gran canal en San Marco, dejamos nuestra maleta en recepción y salimos directamente a encontrarnos con la Piazza San Marco, entrando por uno de los accesos a través de sus arcadas. Tan impresionante como la recordaba y por supuesto empezamos con infinidad de fotos desde todos los ángulos, il Campanile, la Basilica, la Torre Dell’Orologio.

Recorres la plaza y no dejas de mirar a todos lados sin decidir donde pararte. Detrás de il Campanile y junto a la Basílica encontramos la fachada del Palazzo Ducale y las columnas de San Marco y San Teodoro frente al gran canal, con unas vistas impresionantes a la Isola della Giudecca y San Giorgio Maggiore.

Bajo las arcadas de la piazza San Marco tenemos todo un mosaico de posibilidades; preciosas tiendas con piezas de cristal, y otros artículos de decoración Veneciana, los restaurantes, cafés y sus terrazas amenizadas con música en directo, donde puedes tomarte un desayuno, un aperitivo, comer, merendar o cenar.

Vale la pena reservar en el bolsillo unos €, para darte el gustazo de un aperitivo o una merienda. Mención especial al Caffé Florian, bellísimo lugar que te transporta a los siglos “románticos”.

Palazzo Ducale
Palazzo Ducale

Después de esta primera toma de contacto ya era hora de comer y decidimos ir hacia la parte de atrás de la Basílica, adentrándonos en la zona de Castello donde seguimos recorriendo calles, puentes sobre canales surcados de góndolas de paseo y al final recalamos en una coqueta trattoría, con una estupenda cocina tradicional con “guiños actuales”. 

Paseando por otras calles y descubriendo nuevos rincones y plazas, regresamos al hotel para inscribirnos. Nos habían asignado una habitación preciosa con vistas directas al gran canal y a uno de los embarcaderos de góndolas, así que encantadas, hicimos varias fotos desde nuestras ventanas, organizamos nuestras cosas y salimos de nuevo. 

Nos dirigimos andando (naturalmente), a la zona de Rialto (existen carteles en los cruces de las calles para orientarte en la dirección correcta) y de nuevo el color y el encanto, puentes, las góndolas surcando los canales, tiendas, restaurantes, embarcaderos, amplias plazas (se llaman campo) un helado en el camino y llegamos a Rialto, el puente más emblemático de Venecia lleno de locales antiguos a ambos lados de la escalinata principal con venta de artículos tradicionales, joyerías, cristal, máscaras de carnaval, piel, etc. etc. puedes pasarte el día de un lado a otro. De lunes a sábado por la mañana es imprescindible la visita al mercado.

Desde todos los puntos, las fotos a las orillas del gran canal y a los maravillosos palacios que lo circundan nos tuvieron entretenidas un buen rato. Luego bajamos hacia San Polo y después de varias fotos y un paseo por sus calles cruzamos de nuevo Rialto en dirección a San Marco. era sábado por la tarde y aunque ya estaba oscureciendo, la animación en las calles y las tiendas era total, así que recorrimos tranquilamente toda la zona.

Queríamos cenar pizza y agotadas y un poco tarde, llegamos a san marco y pedimos mesa en una pizzería-trattoría. Empezamos con un aperitivo para cada una, “Spritz y Bernini” y después nos comimos unas pizzas estupendas y enormes. 

Ya descansadas emprendimos camino hacia el hotel. La noche iba a ser más corta por el cambio de hora y llevábamos desde las 5 de la madrugada en pie, así que había que prepararse para las dos siguientes jornadas.

El segundo día nos habíamos organizado para visitar los lugares más famosos e imprescindibles de Venecia. Después del desayuno en el comedor con la vista del gran canal, preguntamos en recepción y nos recomendaron comprar las entradas para el Palazzo Ducale en las taquillas del museo correr situado en la plaza y sin colas. Esta entrada con precio reducido para estudiantes tiene incluidas las visitas del palacio ducal, el museo correr, el museo arqueológico y la sala monumental de la biblioteca marciana, todos en torno a la plaza San Marco y hay que organizarse bien para poder verlo todo, pues los horarios sólo son hasta las 5 de la tarde. Decidimos ir directamente al Palazzo Ducale; yo ya lo conocía y sabía que teníamos que dedicarle buena parte de la mañana y de nuevo cruzando tranquilamente por la plaza San Marco nos dirigimos a la entrada por la fachada del muelle y efectivamente no fue necesario guardar cola.

Palazzo Ducale, la Scala dei Giganti
Palazzo Ducale, la Scala dei Giganti

El Palazzo Ducale te recibe en el patio central, precioso, donde admirar las arcadas que lo circundan, todos los rincones con algo que ver como la reproducción de una antigua góndola o una estatua de San Jorge y el Dragón. Además de otras estatuas, el brocal o pozo decorado y todos los detalles arquitectónicos que conforman el edificio, encontramos la Scala dei Giganti con las dos colosales estatuas de marte y neptuno, por donde entraban antiguamente las visitas oficiales, pero ahora cerrada al público.

Subimos al primer piso por el acceso indicado y recorriendo la galería llegamos a la entrada de palacio a través de la espectacular Scala D’oro, con estucados clásicos de pan de oro. Es el aperitivo para llegar al piso superior y comenzar el recorrido de las suntuosas salas administrativas del gobierno y la diferentes estancias de los Doge o dux, antiguos gobernantes de Venecia. Cada una de ellas más y más impresionantes por la riqueza de las ornamentaciones de techos y paredes, los frescos, los lienzos, las pinturas, las esculturas, las maderas o los mosaicos.

Una de las salas más llamativas es la Sala del Senato donde además de lo anterior se pueden admirar dos enormes relojes de pared, uno de ellos con la esfera de 24 horas en números romanos y el otro con los doce signos del zodiaco. 

Continuamos libres nuestro recorrido (muy bien señalizado por cierto) y nos adentramos en las salas de armas, con todo el detalle de los trofeos, armas de fuego y ceremoniales, armaduras, mapas y otros que durante varios siglos conquistó la república de Venecia, además de los propios de sus ejércitos.

Seguimos y llegamos a los calabozos, atravesando el famoso Ponte Dei Suspiri, que os recuerdo que no tenía nada de romántico, pues por allí pasaban los presos hacia sus celdas y muchos de ellos “suspiraban” porque podía ser la última vez que vieran la luz del sol y el mar a través de los estrechos ventanales. Lo dicho, visita imprescindible.

Nuestra siguiente intención era visitar la Basílica de San Marco y subir a il Campanille. En esta ocasión no fue posible la visita a la basílica pues era el día de San Marco, patrón de la ciudad y se celebraban oficios religiosos dedicados a este día. En otra ocasión os lo recomiendo y además hay que subir hasta el balcón donde están los impresionantes caballos de bronce y por supuesto ver las maravillosas vistas de la zona.

En cambio, después de una pequeña cola, pudimos subir a il Campanile. No había hecho nunca esta visita y nos encantó. Subes 9 pisos en ascensor con aforo controlado y desde arriba por los cuatro costados de la torre te llenas los ojos con todos los tejados de los sestieres de Venecia, la laguna y sus islas y dicen que en días muy claros se ven las cumbres de los Alpes. 

Hay que subir y contemplar el paisaje mirando a través de los ventanales enrejados pero sin cristales (el aire era bastante frío en marzo) y recrearte en el espacio interior y observar al detalle las 5 campanas sobre nuestra cabeza, que siguen funcionando a determinadas horas, al menos una de ellas. 

Riva degli Schiavoni
Riva degli Schiavoni

Cuando bajamos nos dirigimos hacía la Riva degli Schiavoni, antigua zona de mercaderes donde amarraban sus naves para el intercambio de mercancías. Iniciamos un largo paseo a orillas de la laguna y el primer puente, Ponte della Paglia, ya nos hace detenernos para observar desde el exterior el Ponte dei Suspiri, que habíamos cruzado por el interior del Palazzo Ducale. Seguimos paseando y cruzando puentes, nos encontramos con magníficos hoteles, restaurantes, embarcaderos de góndolas y vaporettos, fachadas de antiguos edificios, monumentos, etc. etc.

Como es un paseo para dedicarle bastante tiempo, dimos la vuelta más o menos a medio camino del final y nos paramos en la terraza exterior de un restaurante, donde tomamos nuestro aperitivo y comimos un excelente pescado a la plancha. La ventaja de los restaurantes de esta zona, es que mantienen horario continuado de cocina, así que a pesar de ser un poco tarde para la mayoría de europeos, a nosotras nos fue de maravilla. Además disfrutamos de un colorido y tradicional desfile de época por la riva, dentro de los festejos de San Marco.

Retomamos el paseo parándonos en diversos puestos y tiendas de recuerdos y se hizo la hora de merendar. Cómo no, directas al Caffé Florian que os comentaba al principio y allí en un ambiente totalmente Veneciano (salones con las paredes y techos ricamente decorados y amueblados con preciosas mesas y sillas de madera) nos tomamos nuestros cafés italianos.

Canaletto

Cumplido el deseo, nos aventuramos de nuevo por las calles de Venecia, pasamos por el Teatro della Fenice, Palacio Fortuny, y otras calles, puentes, canales y plazas hasta llegar a la orilla del gran canal para coger el vaporetto y regalarnos un paseo de ida y vuelta al atardecer, sencillamente encantador.

De vuelta a nuestros dominios en la zona de San Marco, descubrimos casi escondido en una estrecha calle, el Caffé Centrale, un restaurante decorado con toques de vidrio de Murano, como lámparas y jarrones pero con un ambiente moderno, bodega y cocina excelentes y observamos que la mayoría de los clientes son habituales, es decir, Venecianos. Perfecta velada para la segunda y última noche en Venecia.

Y amaneció nuestro tercer día en Venecia, al igual que los anteriores con los cielos azules y el ambiente fresquito que el sol de la mañana suavizaba. Después de desayunar, recogimos nuestras maletas y dado que nuestro vuelo de regreso era a las 9 de la noche, decidimos que era el día perfecto para visitar las islas puesto que ninguna de las dos las conocía.

Como teníamos en el hotel la opción del traslado de cortesía en taxi acuático privado a Murano lo aprovechamos y allí nos esperaba una visita a una de las más importantes fábricas de vidrio donde los maestros artesanos enseñan las diversas técnicas empleadas, como el soplado y ves funcionar los tradicionales hornos.

Las grandes tiendas exponen todo tipo de artículos de vidrio de todas las medidas como esculturas, copas, jarrones, lámparas de araña e impresionantes y lujosos espejos y mobiliario.

Saliendo de ese mundo de lujo y poder, despertamos a la realidad y nos vamos a recorrer la isla camino del faro, también con sus bonitas fachadas, canales, puentes, embarcaderos y sobre todo infinidad de tiendas de souvenirs a precios asequibles para llevarte tus recuerdos.

Isla de Burano
Isla de Burano

En el embarcadero del faro, y ya por nuestra cuenta cogimos el vaporetto hacia la isla de Burano, totalmente distinta a lo que habíamos visto hasta entonces, puesto que es una pequeña isla de pescadores, artesanía de encaje y también refugio de artistas por la serenidad del entorno. Su encanto principal son las fachadas de las casas a orillas de los canales, pintadas de diferentes y llamativos colores que no te dejan indiferente y no dejas de hacer fotos.

Paseando por sus calles encontramos una trattoría en una recoleta y tranquila plaza con la suerte de tener mesa en la terraza, pues como os he dicho hacía una temperatura estupenda.

Después de comer (muy bien y al mejor precio de todos los días) y paseando de camino al embarcadero para coger el vaporetto de vuelta, encontramos otra zona de restaurantes y terrazas mucho más bulliciosa y turística, así que acertamos de pleno con nuestra pequeña trattoría. No podía faltar el remate con un excelente gelato. De regreso a Venecia se acercaba la hora de la vuelta a casa, así que nos dirigimos al hotel para recoger nuestras maletas y guardar las últimas compras. En el bar y mirando al gran canal saboreamos un “caffé y un caffélatte” antes de ir hacía el embarcadero de San Marco donde cogimos el barco de Alilaguna para el aeropuerto bordeando toda la isla. Como colofón, tuvimos la suerte de encontrarnos con una espectacular puesta de sol con Venecia al fondo. 

 Y nos han quedado muchas cosas pendientes en Venecia, por ejemplo sus museos, cada uno de ellos con obras de artistas de diferentes épocas y estilos, que podemos visitar según nuestras preferencias; las iglesias con sus particulares estilos arquitectónicos de diferentes épocas y sus interiores llenos de grandes obras y esculturas, los palacios con fachadas impresionantes, escalinatas y estancias abiertas al público que hay que admirar. y mucho, mucho más.

Publicado en el Nº38 de la revista Magellan

Sobre el autor

Teresa Olivares

Teresa Olivares

Me llamo Mª Teresa Olivares, nací en Barcelona y ahora ya estoy segura que mi gran pasión es viajar. El cine y los libros me iban descubriendo el mundo y yo quería verlo todo, así que pasé de las pequeñas escapadas adolescentes de fin de semana con los amigos, a perder el “miedo a los aviones” y llegar a ese mundo desconocido. Empecé a dedicar al menos entre diez y quince días de mis vacaciones laborales de verano (y en alguna ocasión en invierno) a cumplir mis más entrañables sueños viajeros y he conseguido muchos. Mi amiga Ross especialmente, ha sido y es una gran compañera de aventuras y ahora además de mis varias escapadas durante el año con mis amigas, desde hace varios años he podido compartir con mi sobrina Núria, que firma conmigo este maravilloso viaje a Islandia, la inquietud de ver el mundo, así que también se está convirtiendo en una incansable y curiosa viajera.

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