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Diarios de viaje

Olivia Oporto

De todas las imágenes de mis viajes hay una estampa que me ha fascinado desde siempre; es la del viajero que sentado a la mesa de un café escribe en su cuaderno de notas inmerso en su universo de palabras.

Desde el primer momento en el que empecé a viajar por el mundo recuerdo la insistencia de mi padre para que tomara notas de todas las experiencias que vivía mientras descubría nuevos lugares. Ahora muchos años después lamento no haber seguido a pies juntillas el consejo del sabio periodista que me conocía bien para saber que un día me hubiera encantado leer los relatos de mis aventuras por el mundo. Es verdad que conservo centenares de fotografías que me ayudan a recomponer la historia de lo que fue cada momento, pero si hubiera acompañado cada viaje con un cuaderno de bitácora me encantaría releer ahora lo que sentía, como lo vivía, y seguramente me daría cuenta de cómo el tiempo ha ido cambiando mi manera de ver y de vivir la vida.

Es verdad que en una ocasión me llevé la libreta que me había comprado para recopilar la que sería mi primera gran aventura americana. El salto del charco por vez primera, conocer New York en plena adolescencia, y después pasar casi un mes en la ciudad de Milwaukee. Cada noche escribía en mi cuaderno de espiral de tapas rojas mis aventuras y desventuras en un mundo tan lejano de todo y de todos que a veces me costaba creer donde me encontraba. Evidentemente de regreso a casa mi padre reunió a toda la familia para que yo leyera todas y cada una de las líneas que configuraban el relato de mi primer viaje a Estados Unidos. Mi primer paseo por Central Park, el metro de New York, mis días de colegio en mi High School de Milwaukee, las risas con las cheerleaders, y la inolvidable excursión a la Sears Tower de Chicago. Recuerdo perfectamente el momento en el que leí todo el cuaderno de la primera a la última página y la expresión de orgullo de mi padre, feliz y contento de que su hija hubiera emprendido un viaje que en aquellos años era toda una aventura.

Mucho tiempo después y gracias a la oportunidad que me brinda Magellan he podido bucear profundamente entre mis recuerdos y explicar muchas de las experiencias que he vivido en mis viajes por el mundo. Es una experiencia gratificante y maravillosa que me recuerda cuanto he disfrutado, y una vez más me confirma que muchas de las mejores cosas que me han pasado en la vida están vinculadas a los viajes, y sin lugar a dudas muchas de las personas que ahora forman parte de mi vida han llegado inesperadamente de lugares a muchos kilómetros de distancia de mi ciudad natal.

En este momento de mi vida he decidido que a partir de ahora voy a llevar conmigo un cuaderno de notas en todos y cada uno de los viajes que emprenderé (se que muchos pensaréis que la tecnología pone a mi disposición dispositivos más cómodos, pero nada más romántico que una bonita Moleskine) y además de hacer feliz a mi padre allá donde esté, podré escribir todas las historias de los lugares que aún sueño con descubrir.

En este nuevo propósito también tiene mucho que ver una figura inspiradora, una viajera empedernida que dirige una escuela de escritura en Barcelona y que ahora de la mano de Magellan va a llevar a cabo una maravillosa iniciativa para todos los que amamos escribir y viajar, o viajar y escribir, el orden de los factores en este caso no altera el resultado de dos de las cosas que más amo en la vida.

En Magellan no me “dejan” dar más pistas pero muy pronto tendréis todos los detalles…

Sobre el autor

Olivia Oporto

Olivia Oporto

Me encanta viajar, siempre me ha gustado. Los viajes me han regalado momentos inolvidables, grandes amistades, grandes amores, recuerdos imborrables, sensaciones y emociones que me acompañarán siempre y que me han dado una perspectiva de la vida completamente diferente. He aprendido mucho de personas a las que nunca hubiera conocido y que con su presencia han marcado mi vida para siempre. Gran parte de esas personas encontradas en tres años de vida y viajes por Italia. Tengo muchos viajes soñados, destinos a los que espero volar algún día, pero el lugar al que me gustaría volver una y mil veces es al oeste de Canadá, donde hace muchos, muchos años deje una parte de mi corazón entre sus lagos infinitos y sus majestuosas montañas, y donde espero regresar algún día… quien sabe si para siempre.

2 Comentarios

  • Por tus palabras interpreto que tu padre era un gran tipo, un hombre que supo inculcarte cuáles son las mejores cosas de la vida, las que de verdad importan. Beata te, Olivia.

  • Mi querida Olivia:
    ¡Me encanta volver a leer tu blog!! Es tan fácil (lo haces fácil tú) introducirse entre las líneas y compartir lo que nos cuentas que te echaba de menos.
    Imagino la reunión familiar que comentas y siento una ternura infinita, pues os he visto posteriormente en situaciones parecidas.

    Por otra parte, vamos a ver que nos presentan Magellan y la Escuela de escritura que anuncias…..
    estamos impacientes. Un beso.

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