Umbría

El corazón verde de Italia

Todi
Yolanda Peris
Recorriendo Umbría, una de las zonas más bellas del país. Un regalo para los amantes de la historia, la naturaleza y la buena cocina
H ace una semanas en una calurosa tarde de verano, contemplando una semi-desierta plaza frente a la maravillosa catedral de Spoleto, reflexionaba sobre el hecho de que si Frances Mayes (la autora de la celebérrima novela de “Bajo el sol de la Toscana”) hubiera recalado en Umbría las cosas seguramente serían muy distintas en esta región a la que tan merecidamente se conoce como “el corazón verde de Italia”. De haber sido así y de haber llegado la Mayes por ejemplo a Spello en lugar de a Cortona, seguramente hoy en día las hordas de viajeros que llenan las calles y plazas de cualquier localidad de la Toscana hubieran descubierto ya esta pequeña joya del centro de Italia.

Cuando en pleno mes de agosto puedes descubrir pequeños pueblos en los que pasear tranquilamente sin ningún tipo de aglomeración, accedes a iglesias en las que el silencio y el verdadero recogimiento te rodea y puedes ir a disfrutar en una excelente trattoria de la mejor comida casera sin tener que esperar mesa, sabes que se trata de una situación del todo anómala y te preguntas porque motivo el viajero no ha hecho todavía de Umbría una de esas metas tan amadas como lo puede ser su vecina Toscana. Yo que amo incondicionalmente la región de los girasoles y los viñedos y que conozco en profundidad la gran mayoría de los pueblos toscanos, confieso que me rindo también incondicionalmente a la belleza umbra, a esos paisajes de un verde intenso en los que la mirada se puede perder durante horas, a esos pueblos construidos en piedra a lo largo de verdaderos laberintos de subidas y bajadas, y me fascina esa gente hospitalaria orgullosa de una región que tiene todos los elementos para seducir y conquistar a los amantes de la naturaleza, la historia, y la buena (la superlativa diría yo) gastronomía.

Umbría cuenta en su haber con una extraordinaria concentración de centros medievales, y que van mucho más allá de los lugares turísticos que más se conocen de esta enigmática y paisajística región italiana. Si pregunto a muchos de mis amigos si han visitado Umbría la gran parte de ellos me responde que han visitado Asis, algunos me responderán que conocen Perugia, y poco más. Sin embargo hay mucho más para descubrir en Umbría, la de las montañas de la Valnerina, la del río Nera, la de las majestuosas catedrales de Orvieto o de Spoleto, la de las trattorias que huelen a tartufo, la de los vinos preciados y los mejores aceites, la que nos lleva a recorrer los restos de las civilizaciones etruscas y romanas y la que nos regala kilómetros y kilómetros de carreteras panorámicas de una belleza incomparable.

He visitado Umbría en varias ocasiones y de primer mi viaje guardo de un recuerdo imborrable de la pequeña y maravillosa localidad de Gubbio a la que espero regresar en uno de mis próximos viajes y donde disfruté de unas vacaciones inolvidables, recorriendo sus callejuelas empedradas, disfrutando de su majestuosa Piazza dei Consoli que regala uno de los paisajes umbros más bellos que yo he visto nunca, y sintiendo la hospitalidad de una gente a la que aún me unen grandes lazos de amistad.
En esta ocasión mi recorrido umbro ha ido por otros lugares que no había visitado antes, y cuya visita me ha ayudado a reafirmarme en mi adoración total por esta región.

Spoleto, Piazza del Duomo

Spoleto, Piazza del Duomo

El primer lugar al que nos llevaron las dos ruedas (nada como un recorrido motero para descubrir Italia…) fue la bella localidad de Spoleto, que está situada en el corazón de la verdísima campiña umbra, y es una ciudad muy antigua en la que se han encontrado restos arqueológicos que datan del siglo XII a.c.. La primera toma de contacto con la ciudad fue al atardecer, cuando el sol empezaba a perder intensidad, si bien el calor era evidente es un estío italiano en el que las temperaturas han batido todos los records históricos. Es verdad en cualquier caso que las estrechas callejuelas ayudan a crear muchas zonas de sombra y la temperatura fue agradable durante todo el paseo, además cuando uno llega a la impactante Piazza del Duomo ya no se piensa ni en el calor, o el cansancio de la subida, porque la belleza del lugar lo llena todo. La hermosa iglesia románica muestra todo su esplendor gracias también a la amplia plaza que la rodea y que permite al viajero contemplarla desde todos los puntos de vista posible, configurando un marco ideal para tanta majestuosidad.

Asimismo esta bella plaza es el escenario principal del célebre Festival dei Due Mondi, un evento cultural que durante quince días concentra espectáculos de música, teatro o danza y que ha clausurado la edición de este año, su 60 aniversario, con un maravilloso concierto dirigido por la batuta única del gran maestro Riccardo Muti. Un evento que sitúa a Spoleto en el mapa de los eventos culturales más destacados del verano italiano y que hace bullir a la localidad durante los 15 días más intensos del año.

Otros de los lugares que no hay que perderse en Spoleto son la Rocca Albornoziana que domina la ciudad o el Ponte delle Torri que une la Rocca y Monteluco, y que solo es apto para los amantes de las alturas. El puente es un lugar que ha fascinado a los más ilustres viajeros de todos los tiempos y hasta el mismo Goethe lo describe en su célebre libro “Viaje a Italia”. Otro de los lugares que hay que visitar en Spoleto es el magnífico Teatro Romano que hoy en día sigue siendo escenario de representaciones teatrales y conciertos.
Continuando el recorrido por las bellas carreteras umbras decidimos hacer parada en Narni.

Narni, Catedral de San Giovenale

Narni, Catedral de San Giovenale

 

Narni

Narni

Narni

Narni

Una histórica localidad de la región, cuyo origen se remonta a los tiempos del neolítico y que fue colonia romana con el nombre de Narnia. Durante el renacimiento la ciudad fue punto de encuentro de artistas de primer nivel que dejaron huella de su paso por la localidad con grandes obras. Entre los principales monumentos de Narni hay que citar la catedral románica que reúne obras de grandes artistas, la iglesia de San Francesco que conserva en su interior algunos de los más bellos frescos de la región, el Palazzo dei Priori, la iglesia de Santa Margherita o la Catedral de San Giovenale. Otros de los lugares que no hay que dejar de visitar en un recorrido por Narni se encuentra en los jardines de San Bernardo, que regala una vista panorámica única sobre el valle del río Nera y desde donde se accede a la zona subterránea de San Domenico.

Para disfrutar de una excelente comida en Narni aconsejo “La Bottega del Giullare”, un lugar de comida casera en la que el plato estrella la pasta cacio e pepe os tendrá bebiendo toda la tarde pero vale la pena el “sacrificio”…

Cascata delle Marmore

Cascata delle Marmore

A escasos kilómetros de Narni se encuentra otro de los lugares que me recuerda porque Umbría habría que recorrerla toda de norte a sur y de este a oeste. La sugestiva Cascata delle Marmore considerada una de las cascadas más altas de Europa, que alcanza un desnivel de hasta 165 m. y que se puede visitar desde diferentes puntos; el belvedere inferior y el superior. Nosotros optamos por visitar el superior cuya ubicación regala unas vistas increíbles del primer salto de la cascada. Como siempre hay opiniones para todos los gustos, y hay viajeros que prefieren disfrutar de la perspectiva baja del parque para deleitarse desde abajo de la majestuosa caída del agua. Lo que sí es totalmente cierto es que con las temperaturas de las cuatro de la tarde en pleno mes de agosto refrescarse con la cercanía del salto del agua fue un verdadero regalo antes de volver a subir “a lomos” de nuestro caballo de dos ruedas para proseguir viaje.

La siguiente etapa de la ruta umbra nos llevaría a parar en Spello, ciudad que ya conocía y a la que deseaba fervientemente volver ya que considero que se trata de una de las ciudades más bellas de Italia. Esta pequeña joya de la región se caracteriza por sus estrechas callejuelas que los vecinos se encargan de mantener engalanadas con los balcones llenos de flores en unas composiciones que compiten en belleza unas con otras. La localidad conserva como señal de identidad inequívoca los restos de su pasado histórico, su historia romana y lombarda, y mantiene intacto su aspecto medieval que atrae al viajero desde que atraviesa las murallas que rodean la ciudad. Spello cuenta con una docena de iglesias que contienen verdaderas obras de arte a nivel arquitectónico y por los frescos que decoran sus interiores. En una ruta algo rápida por la ciudad tuvimos tiempo únicamente de visitar la iglesia de Santa Maria la Maggiore que regala maravillosos frescos de Perugino y la Iglesia de S. Andrea con un gran retablo obra de Pinturicchio. Soy consciente de que la ciudad requería una visita en profundidad para poder seguir descubriendo todo su valor cultural y pictórico. Por otro lado y volviendo al siglo XXI a nivel artístico fue todo un placer descubrir la obra de Massimiliano Bardi que en su show room de la Via Garibaldi de la ciudad regalaba cuadros bellísimos de los que costaba apartar la mirada por la alegría y vida que encierran sus originales obras.

Spello

Spello

Spello

Spello

Spello

Spello

Spello, Piazza della Loggia

Spello, Piazza della Loggia

Uno de los productos gastronómicos de la ciudad por excelencia es su fabuloso aceite de oliva, de hecho se puede observar que la carretera que conduce a la ciudad está llena de olivares y la verdad es que degustar este oro líquido de la zona es toda una experiencia sensorial. Nosotros optamos por comer en un pequeño restaurante en el que una única persona gestionaba, servía y cocinaba, se trata de la “Enoteca Properzio“. Un antipasto a la italiana a base de bruschetta y una tabla de queso coronados por cantuccini de chocolate fueron un verdadero manjar de dioses en esa bella ciudad a la que hay que volver unos cuantos días.

Después de un paseo por la bonita ciudad con aroma a flores de todos los colores y con una indolencia entre sus murallas que da la impresión que el trepidante ritmo de la vida actual no ha afectado en nada a sus habitantes, seguimos ruta hasta Bevagna. Esta pequeña localidad caracterizada por una sugestiva y encantadora atmósfera medieval fascina al visitante desde el minuto cero.
En el corazón del barrio antiguo se encuentra la majestuosa Piazza Silvestri que son su forma armoniosamente irregular está considerada una de las más bellas plazas medievales de toda la región. Otros de los lugares que el viajero debería visitar son la iglesia de San Michele y el Convento di San Francesco, que datan ambos del s. XII así como el Palazzo dei Consoli.

Bevagna, Piazza Silvestri

Bevagna, Piazza Silvestri

Bevagna es famosa a nivel internacional por el tejido que lleva el nombre de la localidad: la tela Bevagna que se obtiene a partir del cáñamo y que es muy valorada por su resistencia y textura. De hecho la elaboración del cáñamo es uno de esos oficios artesanales que se han ido transmitiendo de padres a hijos, y que incluye la elaboración de la carta bambagina utilizada para los pergaminos.

Otro de los lugares más amados de Umbría y uno de los más bellos sin lugar a dudas es Montefalco, una bella ciudad que ya cautiva al viajero con las vistas que regala a lo lejos su singular silueta en lo alto de las bellas colinas umbras y cuya carretera de acceso está rodeada de viñedos. De hecho es en esta zona de la región donde se produce el Sagrantino – un vino DOGC de fama mundial. El acceso a la ciudad se puede realizar desde la Porta San Francesco que nos lleva directamente a la iglesia-museo de San Francesco que contiene en su interior una serie de frescos del artista Benozzo Gozzoli que narra la historia de San Francesco a través de esta serie de pinturas. Otro de los puntos imperdibles de la ciudad es un bella Piazza del Comune y la Iglesia de Sant’Agostino y el Santuario de Santa Chiara.

Montefalco

Montefalco

Montefalco

Montefalco

Montefalco

Montefalco

Tras nuestro recorrido callejeando por la bella Montefalco nos dirigimos a otra de las más celebres localidades de Umbría, se trata de la bellisima localidad de Todi, una ciudad medieval que destaca por su carácter regio y elegante y que empieza a fascinar al viajero desde la misma falda de las colinas que la elevan y que regalan unas vistas espectaculares de la población. Vimos durante el trayecto que éramos varios los viajeros que buscábamos el mejor ángulo para retratar la bella estampa de Todi antes de poner los pies en ella.

Entre todos los lugares que hay que visitar en Todi uno de los puntos más espectaculares es el balcón que desde la Piazza Garibaldi regala un panorama maravilloso de la campiña umbra desde lo alto de la ciudad. A pocos pasos de esta plaza en la adyacente Piazza del Popolo confluyen algunos de los más importantes edificios del centro histórico, y es un lugar ideal en el que degustar un aperitivo italiano rodeado de la majestuosidad del Palazzo Comunale, que alberga en su interior el Museo Lapidario y el Museo Etrusco, el Duomo dell’Annunziata o el Palazzo dei Priori, entre otros. Todi es una ciudad de subidas y bajadas, de calles empinadísimas que ponen a prueba la forma física del viajero, pero más allá de su valor histórico y cultural es una de esas ciudades que te gusta pasear, contemplar y respirar. Calles solitarias en pleno mes de agosto, casas de piedra con olor a guiso delicioso que casi te empujan a picar a su puerta para compartir sus manjares, y escaleras infinitas que hay que subir, subir y subir.

Todi, Duomo dell’Annunziata

Todi, Duomo dell’Annunziata

Todi, vista desde Piazza Garibaldi

Todi, vista desde Piazza Garibaldi

Todi, Palazzo Comunale

Todi, Palazzo Comunale e Interior de la iglesia de San Fortunato

En una de esas callecitas, alejados del centro histórico de la ciudad descubrimos la especial “trattoria da Piero e Silvana” (Via Giacomo Matteotti, 91), uno de esos lugares que el viajero quiere encontrar sin necesidad de acudir a ninguna web de opiniones, pero uno de esos sitios que por su aroma hipnotizante sabes que te va a gustar. Disfrutamos de uno de los mejores almuerzos del viaje y lo recomendamos sin lugar a dudas a quien pase por Todi y quiera dejarse llevar por la cocina casera y un olor a tartufo que lo impregna todo.

El final de la ruta umbra, que nos dejó con ganas de mucho más, concluyó en Amelia, una pequeña y bella ciudad situada en lo alto de unas colinas rocosas, y rodeada de los bellos campos de la región de un verde intenso a pesar de lo caluroso del clima y de lo intenso del sol que parecía quemar durante todo el verano. La historia de esta sugestiva ciudad se pierde entre cuentos de leyenda, las murallas que la rodean datan del s. VI a.c y además de estos muros las numerosas casas romanas que se encuentran en la ciudad son el testimonio más directo de la importancia que tuvo Amelia durante los tiempos del Imperio Romano. Para visitar durante un recorrido por Amelia aconsejamos las imponentes cisternas romanas, la majestuosa Porta Romana y su Torre Civica, además de la Catedral y las iglesias de San Pancrazio y San Francesco. De bella factura son también los palacios renacentistas que el viajero encuentra paseando por el centro histórico de la última de nuestras joyas umbras en esta ocasión. En cualquier caso hay que señalar también que la cercanía de Amelia a la vecina región de Lacio hace de esta población la que concentra mayor número de visitantes si la comparamos con los otros pueblos que estuvimos visitando en Umbría, y de los que nos llevamos el recuerdo de su serenidad, de la paz de sus callejuelas y la impresión de que todavía quedan territorios inexplorados por descubrir.

Amelia

Amelia

Y con Amelia cerramos esta breve ruta umbra si bien ya está en agenda un próximo viaje para seguir recorriendo el corazón verde de Italia y poder disfrutar de Perugia, de Orvieto, de Gubbio, de Foligno, y de todas las bellas joyas que encierra esta maravillosa región a la que antes o después alguien dedicará un libro llamado “Bajo el sol de Umbria”….o ¿mejor no?

Publicado en el Nº32 de la revista Magellan

Sobre el autor

Yolanda Peris

Yolanda Peris

Me apasiona viajar, siempre me ha gustado. Respirar en casa el ambiente de los viajes desde bien pequeña fue sin lugar a dudas el detonante de esta pasión. Mi paraíso soñado al que volvería una y mil veces (y al que confío volver pronto) es cualquiera de los maravillosos lugares del oeste de Canadá. Otro paraíso más cercano y que llevo en el corazón es la fantástica Toscana.

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