Tailandia

El Antiguo Reino Siam

Laura Millán
Con templos magníficos, paisajes de ensueño y un sinfín de pueblos y montañas por descubrir, Tailandia es un pais para explorar y asimilar
C uando pensamos en Tailandia pensamos en templos, playas paradisíacas y mucha vida nocturna, y en parte no nos equivocamos. Sin embargo, como sabéis, todo país tiene una parte desconocida que es la que siempre gusta indagar, y es aquí donde me atrapó este gran país llamado Tailandia.
Aterricé en la capital sin planearlo hace cuestión de cinco años: hacía escala durante un día antes de llegar a mi destino final, Bali. He de reconocer que al principio no me llamaba en absoluto la atención ese lugar, supongo que era por una cuestión de cierto temor infundado por la excesiva des-información ofrecida por los medios de comunicación, pero esas 24 horas me dieron para mucho, tanto, que sentí claramente que alguna vez volvería.
Y así fue, después de estar viajando los últimos años por el continente asiático acabé de nuevo en Tailandia, pero esta vez era para poder descubrirla durante 25 días. Sin duda, podría decir que es uno de los países más completos que he conocido a día de hoy.
Nuria (mi perfecta compañera de viaje) y yo llegamos un 25 de Junio sobre las seis de la mañana a Bangkok, capital y ciudad más poblada de Tailandia. Una vez más comenzaba a disfrutar de todo ese caos que significa estar en una ciudad asiática: locura de tráfico, claxones sonando por todos lados, regateos para coger un taxi, temperaturas de 35 ºC, motos compuestas por familias de hasta cuatro personas….
Si viajas a Tailandia debes hacer parada obligatoria en su capital Bangkok; considerada como la puerta de entrada al sudeste asiático es una ciudad que no duerme y la cual, desde que pisas por primera vez, te impregna de su cultura, noches, templos, gastronomía y sobre todo de la amabilidad de su gente.

Bangkok es una ciudad de contrastes, conforme vas caminando por los diferentes barrios puedes llegar a encontrarte tanto con un edificio de lujo como con casas bastante humildes, pero lo que más te sorprende es que sus habitantes conviven perfectamente entre ellos, resultando curioso que ante este panorama tan desigual no coexista la envidia o el resentimiento. La explicación que te ofrecen los más pobres es que los pudientes se lo han ganado por haberlo hecho el bien en vidas anteriores (creen ciegamente en la idea del karma). Siguiendo nuestro camino, nos desplazamos al barrio de Silom donde teníamos reservada una habitación en un Hostal sencillo pero muy limpio, tan solo habíamos reservado la primera noche, de esta manera podíamos descansar del temido jet lag; este barrio durante el día pertenece a uno de los centros financieros de la capital, pero a partir de la caída del sol se convierte en una de las principales zonas de fiestas. Tras descansar esa noche nos fuimos directas a visitar tantos templos como pudiésemos en nuestra primera jornada. Desplazarse por la capital es muy fácil, pero para mí la mejor manera de hacerlo fue sin duda fue el Express Boat: un barco que se desplazaba por el río Chao Phraya e iba parando en los principales templos de la capital. ¡Fue perfecto!

De esta manera pudimos disfrutar de muchas de las maravillas que están a orillas del río como el WatPho, el WatArun, el WatIntharawiham, el Templo del Buda de Esmeralda o el Palacio Real. Si me preguntáis con cuál de ellos me quedaría no os lo sabría decir, ya que cuando piensas que no te pueden sorprender más el siguiente en el que entras te cautiva de igual manera. En todos ellos hay algo que te llama la atención, no solo esos Budas de dimensiones enormes elaborados en oro, sino cómo viven allí la religión (el budismo). Sus mantras, sus monjes, sus inciensos… En Tailandia, como la mayoría del sudeste asiático, predomina el budismo theravada con un 93% de la población, seguido por un 5% de musulmanes, un 1% de católicos, y finalmente un 1% de animistas. La religión es el eje principal de la vida cotidiana de los thais.
Algo curioso es que la gran mayoría de los hombres tailandeses deben ser una vez en la vida monjes budistas, esto es considerado toda una proeza de la cual se sienten orgullosos, no solo ellos mismos sino sus propias familias y amigos. Normalmente, las personas que deciden realizar el paso, lo llevan a cabo durante tres meses.
Tras este pequeño recorrido por el ámbito espiritual diré que no sólo me impresionó esta parte de Bangkok, sino también sus infinitos mercados. En ellos no sólo se podía degustar toda su variedad gastronómica sino visitar sus extensos puestos de flores, ropas, souvenirs, electrónica, etc. Destacaré algunos como el Mercado de Sampeng-barrio Chino, Pratunam Market, Chatuchak Market, Kao Road o los mercados flotantes.
Ciertamente me sorprendió su gastronomía (sobre todo en el norte del país), ya que teniendo en cuenta que soy vegetariana nunca tuve problemas para comer a lo largo del viaje. Algunos de los platos más exquisitos que degusté fueron: som tam (ensalada de papaya), pad thai con tofu o tofu con curry.
En caso de que queráis practicar algo de tailandés, aquí va algunos tips que os ayudarán: “mai sai kay”, que significa “sin pollo”, añadiendo la palabra mágica “yée”, es decir, “vegetariano”. También os aconsejo buscar los puestecitos callejeros que tengan una banderita amarilla triangular con el vértice hacia abajo, esto significa que es vegetariano.

Otro de los días decidimos marchar al destino que teníamos planeado desde un principio, Kanchanaburi. De todo lo que vimos, lo que más me emocionó fue sin duda el famoso Puente sobre el río Kwuai. A pesar de no haber vivido en la época de estos acontecimientos bélicos, cuando visitas tanto el Museo del Ferrocarril de la Muerte como el Museo de Guerra llegas a sentir esa parte de la historia y emocionarte.
En contraste con este episodio negro de la historia de Tailandia, os recomendaría alquilar una moto en el mismo pueblo e ir a las Cascadas de Erawanes; tendréis allí un maravilloso encuentro con la madre naturaleza, visualizando uno de esos paisajes que no se olvidan jamás.
Esa misma jornada marchamos a Ayuthaya (dos horas aproximadas desde Kanchanaburi), antiguamente la capital del reino Siam y considerada en su día como Patrimonio de la Humanidad. Sin duda, uno de los lugares de este viaje que más disfruté. La historia nos cuenta que los ejércitos birmanos quemaron y arrasaron casi todo durante la invasión de 1767. Por fortuna, aún se conservan las ruinas de varios templos y palacios de la época gracias a las tareas de reconstrucción y preservación. Los cinco templos que no podéis dejar de visitar son: Wat Yai Chai Mogkhon, WatMahaThat, WatPhra Sri Sanphet, WatLokayaSutha y WatChaiwatthanaram. Sin duda la mejor manera de recorrer esta maravillosa ciudad es en un famoso tuktuk.
De aquí salimos en autobús durante cinco horas hasta nuestro nuevo destino, Sukhotai. Este lugar también fue capital del reino Siam pero anteriormente a Ayuthaya; llegamos de noche y como siempre no fue un problema, cogimos un tuktuk y directas al guesthouse que ya teníamos reservado, de esta manera podíamos descansar y aprovechar la mañana siguiente.
Al amanecer nos levantamos, desayunamos y nos dispusimos a no romper la tradición de esta ciudad: alquilamos unas bicicletas para recorrer el Parque Histórico. Un lugar hermosísimo del que aún conservo imágenes muy nítidas. La belleza que contiene el mismo no podría explicarlo con palabras, pero el hecho de recorrer en bici aquel recinto donde naturaleza y espiritualidad están completamente fusionadas es algo totalmente mágico; sin duda fue una buena elección tener esta ciudad dentro de nuestro itinerario.
Tras estar durante unas cuatro horas en el Parque Histórico marchamos hacia el guesthouse a recoger nuestras maletas y proseguir el viaje hacia Chiang Mai (conocida como La Rosa del Norte). Esta ciudad es la más grande y significativamente cultural del norte de Tailandia. A la vez es una de las más bonitas gracias a la naturaleza de sus alrededores donde se encuentran algunas de las montañas más altas del país.
La ciudad en sí te da muchas opciones como turista, no solo ver sus impresionantes templos, sino también el poder realizar grandes trekkings (en el Parque Nacional Doi Inthanon), visitar sus interminables mercadillos, su gran variedad gastronómica, sus diversos cursos de cocina, masajes, muay thai tailandés y, por supuesto, una animada vida nocturna.
Sin duda, uno de los templos más destacados es el de Doi Suthep, situado a 1676 metros sobre el nivel del mar. Mientras vas subiéndolo –en nuestro caso lo hicimos en taxi– es impresionante observar la cantidad de grupos que lo hacen en bici de carretera. Los peregrinos tailandeses llegan hasta aquí para honrar las reliquias budistas consagradas en el hermoso chedi dorado. El templo también ofrece una interesante colección de arte y arquitectura Lanna, además de tener una fabulosa vista de Chiang Mai. A éste se llega subiendo una escalinata compuesta por 306 escalones.

Este templo tiene la opción de poder convivir con los monjes durante un tiempo, así lo llevo a cabo mi gran amigo Mariano, el cual tuvo la gran experiencia de estar durante una semana con ellos realizando meditación Vipasana, las normas para practicarlo en los templos suelen ser estrictas y conllevan un aislamiento temporal de la sociedad, tras ello puedes aportar la voluntad, si quieres.
Estuvimos cinco días en Chiang Mai por lo que decimos aprovechar e ir el primero de ellos a la provincia de Chiang Rai (limitando al norte con Chiang Mai). Tras unas tres horas aproximadas en bus llegamos a nuestro destino, siendo la primera parada obligatoria el Templo Blanco. No hay palabras para describir lo impactante que fue: su diseño totalmente rompedor, las extrañas figuras que lo decoran y su blanco inmaculado (representando la pureza de Buda). No suele dejar indiferente a nadie. Al igual que nuestra Sagrada Familia, no tiene fecha clara de finalización, pero se especula que para 2070 estará acabado.
Nuestra segunda parada fue en La Casa Negra, esta se encuentra a unos treinta minutos del Templo Blanco, el contraste es bastante considerable, este museo se compone de 40 cabañas de distintos tamaños y formas, que como dice su creador Thawan Duchanee, evocan el pasado de Tailandia desde un punto de vista contemporáneo. Son las típicas casas de madera tailandesa pero de color negro y decoradas con animales disecados, sillas y mesas de formas inverosímiles con aires vikingos o antiguas herramientas de campo modificadas.

Tras nuestra primera etapa del viaje, que había superado nuestras expectativas con creces, nos habíamos ganado un poco de relax y conocer la otra parte del país: descansar en esas islas y playas paradisíacas de las que tanto habíamos oído hablar. Teníamos por delante 10 días para descansar, por lo que cogimos un vuelo desde Chiang Mai directas a Krabi. De ahí tomamos un bus y fuimos a AoNang (unos 15 kilómetros en dirección la costa) donde nos alojamos en un guesthouse deluxe llamado Ben’s House; allí estuvimos tres días, que aprovechamos para hacer las famosas excursiones a las islas colindantes (Chiken Island, Tub Island, Railay Island & Poda Island). Sin duda, lo que más nos impresionó de todas ellas fue ver esos paisajes karkásticos que veíamos tantas veces en las películas y que por fin podíamos deleitarnos en primera persona. Ciertamente nos supo a poco, ya que, como es habitual en Asia, durante la excursión tuvimos la aparición de un monzón que nos hizo llegar a pensar que no llegábamos a contarlo…pero una vez más superamos el momento tomándonoslo con mucho humor.
Con respecto a la ciudad, hay que decir que AoNang es completamente diferente al norte del país. Observamos que estaba más enfocada al turismo (con esto no quiero decir que el resto del país no lo esté, ni que nos disgustara), pero desde la oferta gastronómica, hasta el tipo de turismo, locales, puestos ambulantes, etc., era muy diferente a lo visto en Krabi.
Desde aquí nos fuimos a nuestro destino final que era Koh Tao, al cual llegamos tras unas horas de autobús y varios barcos. Hay una cosa que no he mencionado y debéis tener muy presente: si viajáis a cualquier país asiático debéis cambiar el chip desde que pongáis los pies allí: nada de plantearos horarios meticulosos y pensar que todo os saldrá tal y como lo tenéis planeado.
Aquí el medio de transporte suele ir a su ritmo, por lo que la paciencia es una gran virtud. También os aseguro que compensa cuando llegas a cada uno de los lugares maravillosos que ofrece.
Tras muchas anécdotas, por fin llegamos a esta maravillosa isla donde fuimos acogidas por un increíble grupo de instructores de buceos de la escuela Pura Vida. Aproveché para sacarme el título de Open Water Diver y aquí fue donde descubrí una nueva pasión en mi vida, aportando si cabe un poco más de felicidad a ésta. Esta isla nos dio sol, playas, noches, buceo e increíbles atardeceres…¡Sin duda muy recomendable para los amantes del diving! Nos sentíamos tan a gusto en esta isla paradisíaca que decidimos retrasar un día el vuelo de vuelta a Bagkok. Tras esta increíble semana nos marchamos de vuelta a la capital para aprovechar la última noche y concedernos un último capricho en este país: una gran cena en el restaurante Sirocco, el cual nos ofreció tanto unos platos deliciosos como una de las mejores vistas de la ciudad. ¡No pudimos tener mejor final!
He de deciros que después de relataros un poco este viaje lo he vuelto a revivir con Nuria y nos hemos reído mucho, pues han sido muchos días, muchas esperas de trenes, muchas anécdotas, muchas alegrías, muchas sorpresas y también muchas horas de silencio para asimilar todas esas experiencias vividas. Y es que, cada vez que lo pienso, tengo siempre claro porqué sigo viajando…
Viajar es una buena forma de aprender y de superar miedos (Luis Rojas Marcos)

Publicado en el Nº9 de Magellan

Sobre el autor

Laura Millán

Laura Millán

Soy Project Manager. Andaluza de nacimiento pero catalana de adopción. Mi vida es un constante viaje, lo que me lleva cada año a descubrir un rincón perdido del mundo. Mis pasiones, a parte de viajar, son captar con mi objetivo todo aquello que impresiona mi retina, el deporte, leer, una buena copa de vino y por supuesto...¡reírme constantemente!

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