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Ama Come Reza

Olivia Oporto

Una tarde lluviosa de domingo que ya huele a otoño, y ese momento de indolencia -sofá-peli-medio siesta- cuando veo sin prestar atención que Julia Roberts se pasea por la pantalla. – No es “Pretty Woman” – , me digo, así que estoy por cerrar los ojos cuando veo una escena en un bar romano que llama mi atención. Se trata del momento “caffè”. Julia Roberts que intenta conseguir el ansiado café matutino que en una ciudad como Roma es toda una aventura y un verdadero desafío.

Esa imagen me lleva de inmediato a mis cafés romanos que tanto he disfrutado: il caffè ristretto, macchiato, cappuccino, cappuccino freddo, caffèlatte,…. y de todos ellos el objeto de mis deseos: “la granita di caffè con la panna” del bar la “Tazza d’Oro”.

Viendo a la Roberts en aquel típico bar romano he deseado volar a la Piazza del Pantheon subir en dirección a Piazza Colonna y tomarme esa delicia única que es su famoso granizado de café con nata. Recuerdo ese momento de gula total en el que llegue a mojar el croissant en la granita, como muchos romanos por cierto.

Ay Roma, mi Roma! Esa ciudad que tanto amo y que tanto me ha hecho enfadar. Sus callejuelas llenas de “sanpietrini” esas piedras hechas para destrozar los pies y que solo las romanas consiguen pisar con tacones imposibles, sin perder un ápice de su compostura. Esos restaurantes en los que las mesas están tan juntas que en ocasiones te diviertes más escuchando sin pudor la conversación de los comensales de al lado, esos autobuses que nunca pasan y que te obligan a ir a la caza y captura del billete un domingo por la tarde cuando muchos kioscos y bares están cerrados y no sabes dónde acudir. (Importante: no creáis la leyenda urbana de que nadie paga y el revisor no pasa. Mucha gente tiene abonos y el revisor SI pasa y SI pone multa. Creedme y compraros unos cuantos billetes a la llegada en cualquier kiosco, estanco o estación de metro).

Esa Roma del tráfico infernal, de la gente que discute acaloradamente por la calle, la de las colas interminables en correos, en el banco, esa Roma que a veces parece de color gris, esa Roma llena de turistas que pasean despacito por una acera mínima cuando tú tienes prisa. Esa Roma que te hace enfadar cuando tu estas trabajando y el resto del mundo parece que solo quiere divertirse. Y cuando el enfado está llegando a su punto álgido sales de tu lugar de trabajo en la Via Sistina, justo entre la Piazza di Spagna y la Piazza Barberini y tienes que decidir si quieres bajar la maravillosa scalinata de la Trinità dei Monti o dirigirte hacia la Fontana di Trevi, y entonces decides que quieres volver a ver la fontana, y luego seguirás hacia la Piazza Navona, saldrás a Corso Vittorio Emanuele y llegarás al Castel Sant’Angelo, viendo a lo lejos el Cupolone que se va haciendo grande. Y es entonces cuando el desorden, el tráfico, las discusiones acaloradas, los restaurantes de las mesas pegadas, los autobuses que no pasan se te van olvidando, porque a medida que cae la tarde y el sol se pone sobre el perfil de la ciudad de las fachadas rojizas te das cuenta de que por mucho que te haga enfadar, Roma es una ciudad para AMARE en mayúsculas.

Hoy hemos amado, los próximos días comeremos y rezaremos…

Olivia

Sobre el autor

Olivia Oporto

Olivia Oporto

Me encanta viajar, siempre me ha gustado. Los viajes me han regalado momentos inolvidables, grandes amistades, grandes amores, recuerdos imborrables, sensaciones y emociones que me acompañarán siempre y que me han dado una perspectiva de la vida completamente diferente. He aprendido mucho de personas a las que nunca hubiera conocido y que con su presencia han marcado mi vida para siempre. Gran parte de esas personas encontradas en tres años de vida y viajes por Italia. Tengo muchos viajes soñados, destinos a los que espero volar algún día, pero el lugar al que me gustaría volver una y mil veces es al oeste de Canadá, donde hace muchos, muchos años deje una parte de mi corazón entre sus lagos infinitos y sus majestuosas montañas, y donde espero regresar algún día… quien sabe si para siempre.

4 Comentarios

  • Me gusta que se plasmen las rutinas de cada ciudad, porque el día a día nos nubla la visión de las cosas bonitas que tenemos y no valoramos, se pierden en una niebla gris…
    Hay que ensanchar el alma, hay que respirar hondo y mirar desde dentro, para darnos cuenta que tenemos mucho más de lo que necesitamos y debemos estar felices por ello y si hay colas, atascos, prisas, nervios, estrés, falta de educación..etc tener la inteligencia de poder transmitir paciencia y desmontar un agravio con una sonrisa… Pero sobre todo AMEMOS, COMAMOS Y REZEMOS ¡¡¡ Hoy he amado. Que comeré mañana??

  • He tenido la suerte de estar en la Città Eterna en muchas ocasiones y sin duda al leer Ama, Come y Reza he sentido que cada palabra recoge con un mágico acierto la esencia de una ciudad única e imcomparable. Por un instante me he sentido perdida de nuevo en sus calles y atrapada una vez más por su magnetismo.

  • He paseado por Roma del brazo de Olivia. Ha sido un paseo realizado desde los sentidos; el olfato, el tacto, el gusto, el oído y, finalmente, la mirada. Esa mirada que en Roma se abre de par en par como en ninguna otra ciudad del mundo. Se ama y se odia al mismo tiempo, se detesta y te atrapa. Tiro de hemeroteca y recuerdo que ‘Italia ha cambiado, pero Roma es Roma’ y una segunda, ‘Cuando estés en Roma, haz lo que hacen en Roma’. En esta ciudad se obra el gran milagro: primero llega la fascinación, después, cierta aversión y, finalmente, el enamoramiento. No deja indiferente a nadie.

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