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¡Al Abordaje!

¿Cuantos de vosotros habéis hecho un viaje en velero? y ¿cuantos como yo, lo tenéis en vuestra lista de deseos?. Pues sí, este es otro de mis muchos sueños que aún me queda por cumplir.

Supongo que todo esto me viene a raíz de mi infancia, período en el que veía alguna que otra película sobre esos temibles piratas que surcaban los mares durante largos periodos de tiempo, entonces pensaba…“que fascinante debe ser eso de llevar un garfio en la mano, un aro en la oreja, divertirse entre amigos con una botella de ron, y como no, hacer algún que otro saqueo”, eso sí, sin olvidar, la mundología que debes adquirir durante todos esos meses en los que no pisas tierra firme.

En fin, volviendo a la cuestión que nos atañe, los dos principales lugares en los cuales me gustaría llevar a cabo este sueño serían: Croacia e Islas Griegas.

Si decidiera hacer estas últimas, probablemente me inclinaría por hacer las Islas Cícladas, consideradas como las más típicas y emblemáticas, están situadas en medio del mar Egeo, su arquitectura impregnada de color blanco junto a sus puertas y cúpulas pintadas de color azul las hacen únicas.

Empezaríamos por la tranquila Kea, para después pasar a la divertida Mykonos; probablemente haríamos parada obligatoria en Milos para poder regocijarnos en su fina arena justo antes de llegar a las impresionantes cornisas volcánicas de Santorini. Y, por supuesto, no caería en el olvido a la arqueológica Naxos, donde encontraremos monumentos de diversas épocas. Como muchos de vosotros sabéis, me dejo infinitos lugares por nombrar (Siros, Paros, Antiparos, Andros, Tinos, etc…), pero como siempre, necesitaría vivir unas cuantas vidas para descubrir todo aquello que desearía.

Otra opción sería, la Costa del Peloponeso, llena de historia y esplendor, dicen que sorprende por su belleza, mitos, puertos pesqueros y rincones naturales. Visitar Olimpia (sede de los Juegos Olímpicos), Esparta, Micenas, Nauplia, esta última considerada como una de las poblaciones más bonitas de la Grecia continental. Lo sé, lo sé, esta zona sería para hacerla en coche, pero los que me conocéis ya sabéis que de repente me vengo arriba y lo quiero ver todo…

Vuelvo a surcar los mares, esta vez me centraré en las Islas Sarónicas, creo que esta opción sería la que más podría atraparme, formada por infinidad de mitos y leyendas de la antigua Grecia, sin duda me haría creer estar en un maravilloso y eterno sueño del que no querría despertar jamás. Dicen que sus paisajes son muy variables, desde montañas rocosas hasta grandes arboledas junto al mar.

Parece ser, que a nivel de navegación, seria la ruta más “cómoda y fácil” debido a sus suaves vientos y distancias cortas entre sus islas; saliendo del puerto Lavrion, veremos el templo de Poseidón situado entre tabernas de pescaderos. En Egina, podremos degustar su famoso pulpo a la brasa, claro está, después de hacer parada imprescindible en el templo de Afaya, templo de Apolo, la ciudad vieja (Paleocora), etc…

El siguiente alto en el camino sería en Poros, isla única en la que solo habitan pescadores de la comarca. En Hydra, disfrutaremos de un paseo tranquilamente a pie o en burro ya que los vehículos están prohibidos, supongo que esta ciudad me recordaría a mí querida Mijas (Málaga), donde tenemos los burros-taxis. Y por último, Spetses, lugar asentado por artistas, poetas, intelectuales griegos y donde los turistas no suelen llegar, algo que me atrae sin duda alguna.

Pero, dejemos a un lado estas aguas y centrémonos ahora en la siguiente opción que ronda por esta cabecita loca, concretamente en el Mar Adriático, haciendo un pequeño inciso, os contaré que hace años tenía un “sueño” relacionado con este nombre. Una vez leí que a este Mar, antiguamente, los griegos lo llamaban “Adria”, me sonó entonces tan bien, que pensé en, si alguna vez fuese madre de un varón, lo llamaría tal cual, “Adria”, pero lo dicho…fue un sueño, así que ¡despierta bella durmiente!

En fin, Croacia, Islas Dálmatas, un resumen acerca de estos islotes podría ser: aguas absolutamente transparente, pueblos costeros, paisajes vírgenes, islas deshabitadas y diversidad cultural, ¡que más se puede pedir!.

Zarparíamos desde la extraordinaria Duvrovnik, por supuesto, después de habernos deleitado durante unos días con sus paisajes, fortalezas, catedral barroca, palacios, monasterios, sus infinitas casas pintorescas de techos coloreados en rojo, amarillos, etc…

Primera parada sería en la Isla de Mijet, aquí visitaremos el Monasterio de Santa Maria, y su Parque Nacional en el cual nos recrearemos con sus lagos de agua salada. Seguiríamos nuestro camino hacia la Isla de Korcula, ciudad natal de Marco Polo, no solo es un destino donde se palpa la cultura, Palacio del Rector, Museo de la Ciudad (s. XVI), etc… sino que es el marco perfecto para poder relajarnos y aprovechar para darnos un baño en sus playas cristalinas.

Como no, también podemos improvisar y visitar algún rincón en el que deleitarnos del fondo marino como por ejemplo las Islas de Pakleni, en ellas podremos disfrutar de algún que otro barco pirata, ya que se comenta que en su día navegaron por estas aguas. Como veréis estos lugares se han convertido en un auténtico museo de la historia de este país.

Siguiendo nuestro itinerario, mencionaremos la Isla de Brac, en la que nos recrearemos en una de las playas más bonitas y singulares de este recorrido; Zlatni Rat. En cambio, en Split, es muy probable que nos quedemos con la boca abierta tras visitar su casco antiguo lleno de magia.

Del mismo modo que en Pakleni, en la Isla Kaprije, aprovecharemos para “empaparnos” de cultura marina. Formado por algún que otro barco hundido, como puede ser, un buque de la armada italiana, cuentan que transportaban armas con el fin de proporcionarlas a los alemanes durante la II Guerra Mundial.

Como dato curioso, mencionaros que desde hace años en este país se celebran los campeonatos internacionales de submarinismo y de pesca deportiva, en el que los croatas suelen destacar en ambos deportes.

Para acabar, podríamos salirnos del agua por unas horas y perdernos en su Parque Nacional de los Lagos de Plitvice, marco en el cual encontraremos no solo lagos, sino cascadas y manantiales de una belleza indescriptible.

En resumida, y viviendo esta experiencia en mi cabeza, diría que viajar en velero debe ser todo un aprendizaje, no solo de humildad, tolerancia, respeto, trabajo en equipo, etc… Sino que sin duda, debe ser un auténtico crecimiento personal. Pasar 24horas con personas que apenas conoces o que directamente no conoces, estar rodeada de agua, cielo, viento, sol, luna, estrellas, fauna marina, tú y el mar, desconexión del mundo y conexión contigo mism@, conocer parajes nuevos, costumbres nuevas, ¿hay alguien que diga que todo esto no puede atraparle? Si es así, lamento decirte que…!no estás en mi equipo amig@!.

Como dijo alguien en su día “ningún mar en calma hizo experto a un marinero”, por lo que, una vez más camaradas, les ordeno: “!arriésguense a viajar y a descubrir todo lo desconocido que nos aguarda ahí fuera!”

Sobre el autor

Valentina Ducati

Valentina Ducati

La primera vez que cogí un avión fue con 18 años, destino Londres, fue ahí cuando me di cuenta de que acababa de descubrir lo que se convertiría a día de hoy en una de las grandes pasiones de mi vida: Viajar.
Amante incondicional del deporte, de la lectura, de la fotografía, de las risas y por supuesto de un buen vino en buena compañía.
Me considero una persona sencilla, afortunada en la vida, extrovertida y de entrega pasional en todo lo que hago. Me encanta tener nuevos retos y rodearme de personas que me enriquezcan en todos los sentidos. Si me preguntáis por el mejor escenario de mis viajes os diría que cualquiera en el que he podido disfrutar de una puesta de sol mirando al mar.

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